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LA REALIDAD DE LA FICCIÓN

Graciela Agudelo

Hay utopía en
una brizna de hierba.
Eugène Guillevic

I

Cuando se dice “Pinocho”, casi todos nos remitimos a ese lindo y simpático muñeco de madera al que le crece la nariz, protagonista de la película musical de fantasía que lleva su nombre y fue realizada por Walt Disney. Algunos más recordarán que esta historia está basada en un cuento infantil del italiano Carlo Collodi. Y los menos sabrán que el análisis crítico define el cuento como una historia moralista que trata de enseñar a los niños los conceptos de la veracidad, la fuerza de voluntad y la valentía, como herramientas para pulimentarse y crecer en esos valores ante cada reto de la existencia, con el objeto de llegar a tener -final y realmente- vida.

Como un escritor profundamente humanista, Collodi crea una trama llena de sustratosideológicos, símbolos y alegorías que atañen conceptos mucho más profundos, como laconciencia, la fe, el libre albedrío, el raciocinio, el sufrimiento, la voluntad, el amor y la liberación.

Collodi fue un hombre de convicciones políticas. Su imaginario niño de maderasimboliza al hombre común cual una marioneta, sin libertad de movimiento ymanipulado por la sociedad, los medios, el gobierno y otros estamentos. No obstante que la obra está rebosante de simbología masónica, echando una mirada a la propia fe que profesaba, pudiera captarse el mensaje de una cosmogonía religiosa y profundamente humanista: el hombre que nace en un estado básico y elemental, y a través del amor y la entrega desinteresada logra la transformación interna, la purificación, y con ella, liberación.

En “Las aventuras de Pinocho” suelen encontrarse importantes referentes literarios, como el Oliver Twist, de Charles Dickens, que versa sobre un pequeño que a base de engaños llega a formar parte de una banda de ladrones liderada por un viejo judío sin escrúpulos. Capítulos adelante, el autor parece hacer alusión al joven Lucio, de Apuleyo, quien por maleficios es transformado en asno y padece las crueldades de sus amos. Esta transformación de humano a burro, de algún modo también nos remite a la Odisea, cuando la maga Circe invita a la mitad de los marinos de Ulises a un banquete, donde, después de hartarlos, los convierte en cerdos.

Otra fuente literaria a la que con insistencia nos remite Collodi es la Biblia; especialmente en el desenlace de la historia, donde hechos y personajes suelen mostrarse con mayor intensidad. Encontramos alusiones al Antiguo Testamento en Génesis 8:11; al Libro de Jonás; a los evangelios sinópticos, y de manera muy sutil pero absolutamente definitoria, al evangelio de Juan.

Iniciada en 1848, la unificación nacional italiana fue un proceso largo y difícil. Los grandes próceres de esta causa fueron Giuseppe Garibaldi y Giuseppe Mazzini, ambos masones, por lo que el papel de la masonería habría de ser muy importante para la causa de Il Risorgimento, como también se le llama a la unificación de Italia, ese país que desde el Imperio Romano hasta comienzos del siglo XIX había estado dividido en reinos, ducados, repúblicas y estados pontificios. En 1861 la nueva Italia unificada bajo el nombre de Regno d'Italia, corona rey a uno de sus adalides: Víctor Manuel II, un noble de la casa de Saboya. Y es hasta junio de 1946 que se proclama la República Italiana que conocemos hoy día.

Carlo Lorenzo Filippo Giovanni Lorenzini nació en Florencia en 1826, y es a la edad de 30 años que adopta el seudónimo de Carlo Collodi, en alusión al pueblo natal de su madre. Cursó sus estudios en el seminario de Colle Val d’Elsa, y posteriormente, durante dos años se dedicó al estudio de la filosofía y la retórica. Su primer trabajo lo consigue a los 18 años, en una librería. Estamos en 1844.

Como hombre de acciones políticas y asiduo a los ambientes revolucionarios contra el dominio austriaco entonces presente en gran parte de la Italia del norte, no solo decide enrolarse a los 22 años en el ejército de Toscana para luchar en la Primera Guerra de la Independencia Italiana, sino que publica continuamente obras literarias en diversos periódicos. Activo escritor y periodista ya con cierta fama, en 1859 ingresa al ejército piamontés para participar, ahora, en la Segunda Guerra de la Independencia Italiana. Al término de esta, regresa a Florencia y trabaja en la Comisión para la Censura del Teatro, lo que le concede tiempo para seguir escribiendo novelas y cuentos, y recopilar y organizar sus artículos y relatos satíricos.

En 1875 incursiona en la literatura infantil con la traducción de algunos cuentos de hadas del francés Charles Perrault, autor de Pulgarcito, Barba Azul, El gato con botas, La cenicienta, La bella durmiente y Caperucita roja, entre otros, haciéndolo tan bien que los editores le sugieren escribir algo de su autoría. Es así que en 1876 surge su primer gran éxito: Giannettino, un cuento de hadas de carácter educativo. Collodi está fascinado de escribir para niños, ya que, como él mismo dice, “Los adultos son  difíciles de complacer”.

Habiendo usado el recurso de la sátira en sus escritos políticos de postura liberal, ahora está convencido de que sus textos para niños deben mostrar un carácter más suave y dulce, y literariamente elige emplear la alegoría para dar expresión a sus convicciones. Y es en esta atribulada Italia de guerras y entreguerras y de intentos conciliatorios entre la masonería y la iglesia católica, que Carlo Collodi escribe su cuento Le avventure de Pinocchio.

De publicación semanal, Il Giornale dei Bambini fue el primer periódico italiano para niños, y es ahí donde, en 1881, Collodi comienza a escribir su Storia di un burattino (Historia de una marioneta), y en 1883 se publica la primera edición de “Las aventuras de Pinocho”. (Pinocchio, palabra en italiano, conjunción de pino y occhio; es decir, ojo de pino).

Mas allá de simbolismos masónicos o moralismos católicos, el valor del cuento de Pinocho es el modo que muestra su autor de percibir, capturar y comunicar la permanencia de un sentido axiológico en la psique del individuo, dentro de una sociedad tan deleznable como activa y tan falsa como avasallante. Una pintura al fresco de dos mundos paralelos: el real y el ideal, el individual y el social, en el devenir continuo de lo humano.

II

Otro masón, Walt Disney, produce una segunda película animada después de Blanca Nieves y los siete enanos: Pinocchio, basada en el cuento de Collodi. Estrenada el 7 de febrero de 1940 en el Central Theatre de Nueva York, es recibida con entusiasmo por la crítica, y actualmente se cuenta entre las 10 mejores películas animadas de todos los tiempos y entre las 1000 mejores películas de la historia del cine.

Cincuenta y siete años después de la publicación del cuento, Disney registra de manera magistral el valor de los símbolos del texto original y la actualidad de sus significados. De los 36 capítulos que completan la narración original, sabiamente recoge los más significativos y expresivos de las intenciones del autor, recreando un discurso íntegro, que casi ha opacado la versión primigenia. El haber resumido de manera experta los más representativos acontecimientos y personajes de una historia llena de contenidos filosóficos y humanistas en una caricatura bella, colorida y atrayente para niños y mayores, no le merece un Oscar al “mejor guión adaptado” o al “mejor director”. Solo obtiene dos premios de la Academia de Artes Cinematográficas: en las categorías de mejor banda sonora y de mejor canción original. Esta última, When you wish upon a star, se convirtió en un icono para la Walt Disney Company. Es una canción que no pasa de ser bonita, como muchas otras, y -extrañamente sin relación con las aventuras de Pinocho-, su mensaje incita a conservar la fe en el cumplimiento de los deseos.

III

Pinocho es una entidad no humana. Es una marioneta, un hermoso niño, básico y simple; sin libre albedrío, voluntad ni conciencia; preso en un estado de vida primario. En el ideal de su creador, un sencillo carpintero, vive latente la semilla de que esa hermosa creación suya, esculpida en un leño de pino, llegue un día a convertirse en una criatura humana. Y con ardiente y humilde fe, expresa su deseo a las estrellas del cielo.

Como muñeco que es, Pinocho no tiene padre ni madre; sin embargo, los principios masculino y femenino están presentes en su concepción: Geppetto, el carpintero que lo talló y esculpió con gran amor, y el Hada Azul, que una noche, mientras Geppetto duerme, desciende de su estrella y, también movida por el amor, le da el toque de vida.

El color azul que porta el hada materna del muñeco es importante. Hacia mediados del siglo XIX, Collodi ingresa a esa orden iniciática bajo cuya filosofía los miembros se comprometen a bregar por el bienestar y mejoramiento de ellos mismos y de la humanidad: la masonería, que preserva celosamente los ritos de iniciación y los símbolos. Especialmente a la francmasonería simbólica, se le denomina “azul”; y en ella, este color se vincula con el orden, la lealtad, la honestidad, la espiritualidad. Parece innegable que la pertenencia a esta sociedad discreta (secreta en aquel entonces), representó para Collodi una importante influencia. No en vano la obra de este estudio ha tenido múltiples interpretaciones en cuanto a simbolismos iniciáticos.

Inmediatamente después de que el Hada Azul le ha dado vida al títere, Collodi propone que un aspirante a humano no podría sostenerse y florecer sin esa capacidad de autoreconocimiento y auto-juicio que es la conciencia; y elige a un grillo para que funja como su lugarteniente. Este escurridizo insecto de color marrón y hábitos nocturnos, tiene un canto cuya longitud de onda es equiparable a la distancia que hay entre los dos oídos humanos, por lo que resulta difícil establecer de dónde proviene su suave voz; amén de que, siendo tan pequeño, es fácil ignorar su presencia o de un manotazo desaparecerlo. El Hada Azul nombra “Pepe” al grillo, y con honores lo inviste como la conciencia de Pinocho. Collodi sabe perfectamente que la crisis del mundo moderno en que vive es, en pocas palabras, la falta de conciencia. Conciencia, esa moción psíquica que nos permite discernir entre lo humanamente correcto o incorrecto, y trascender ese conocimiento de lo individual a lo familiar, y de ahí a lo nacional, lo continental, lo planetario, lo universal. Así pues, acuerdan que la conciencia “Pepe Grillo” emitirá un silbidito cuando Pinocho dude sobre la calidad correcta o incorrecta de sus acciones.

El buen Geppetto, quien vive en una casita tapizada de relojes de cucú -símbolos del tiempo- que él mismo ha construido, y cuyas mascotas son Cleo, una pececita dorada en su pecera de agua dulce y Fígaro, un blanquinegro cachorro de gato juguetón y antojadizo, se sorprende dichoso una mañana al encontrar que su creación habla, piensa, pregunta, canta y ¡hasta baila! Ahora sólo aspira a que su querido Pinocho se convierta en un niño de verdad y, para el caso, envía al chico a la escuela, que representa conocimiento y aprendizaje constante. Y así, una mañana, lleno de anhelos lo despide amoroso en el pórtico del hogar.

Ahora Pinocho camina con su libre albedrío por la calle y es ahí donde el mundo le presenta su primera amenaza: Juan Honrado y su socio Gedeón: un zorro tramposo y un gato torpe y mudo que se estremecen de ambición cuando descubren que un muñeco de madera camina solo y va cantando hacia la escuela con sus libros bajo el brazo. Un mamífero silvestre y otro doméstico; pero ambos depredadores y tenidos en la cultura popular, uno como astuto y otro como huraño, serán los primeros victimarios del inocente y feliz muñeco. Estos dos personajes, especialmente el gato con su mudez, nos mueven a la reflexión de que la trapaza y el engaño pueden encontrarse tanto fuera de casa, como dentro de ella. El episodio nos trae a la memoria la obra de Dickens, Oliver Twist, publicada entre 1837 y 1838.

Pensando en explotar comercialmente el portento que han encontrado, con marrullerías lo convencen de que no vaya a la escuela, pues lo que más le conviene es convertirse en artista de teatro, ya que ahí es donde encontrará luces, aplausos, dinero y fama.

Pinocho parece no tener memoria de quién es ni hacia dónde lo había enviado su padre; pues cede a la tentación y se va inocente y feliz con los dos truhanes… ¡a ser artista de teatro! Tal vez Collodi elige esta profesión como ejemplo de una actividad laxa, de poca exigencia moral; pues por tal se tuvo en los conceptos del Romanticismo.

Pepe Grillo lo alcanza y lo aconseja, recordándole que anteriormente ya habían hablado sobre “la tentación”. Pero los malhechores lo vuelven a embaucar y Pinocho, desoyendo a su conciencia, prosigue alegre con sus captores ante la seducción de la vanidad, tomada esta como error, ceguera o estupidez respecto a la apreciación de la propia valía. Collodi nos presenta la ambición de vanagloria como el primer gran error de Pinocho, y el catolicismo nos presenta la soberbia como el primero de los pecados capitales, el mismo que en algunos mitos de origen hebreo, movió al querubín Luzbel a revelarse contra Dios.

Pepe Grillo se decepciona y piensa en ir a contar todo a Gepetto, pero reflexionando, prefiere correr a alcanzar a Pinocho a donde pudieron haberlo llevado sus victimarios. Lo encuentra en el escenario de El gran Strómboli, un titiritero ambulante que ha tendido su carpa en la ciudad, y hoy presenta como atracción mayor “al único títere que puede bailar y cantar absolutamente sin manipulación de hilos: el grande y único Pinocho”. En el escenario, la inexperiencia y simpleza del muñeco lo llevan a cometer errores y torpezas que divierten y hacen reír a carcajadas al público y a aventarle monedas, lo cual aumenta la avaricia de su comprador.

Por la noche, el titiritero, contando y recontando sus ganancias, se sorprende aún más sobre el tesoro que ha adquirido y toda la riqueza que está por ganar. Después de escucharlo, Pinocho pregunta si ya puede regresar a casa a contárselo a su padre. Por toda respuesta, Strómboli lo encierra en una jaula, diciéndole que ahora le pertenece y viajarán por el mundo… París, Londres, Montecarlo, Constantinopla. Y de una buena vez le hace saber que cuando se ponga viejo, su madera servirá para alimentar la chimenea. Collodi pone de manifiesto la ambición y la impiedad humanas, capaces de crear la servidumbre, la esclavitud, la explotación al servicio de la avaricia. Pero también, y con acento, el trato que muchas veces el empleador da a su trabajador: valerse de él y explotarlo mientras es joven y está en plenitud de su rendimiento, y desecharlo -o simplemente no contratarlo- cuando envejece. Sin duda, Collodi esboza una crítica al incumplimiento de los derechos laborales, cuyas diversas corrientes nacían ya en el siglo XIX. No hay que olvidar que La Primera  Internacional de los Trabajadores fue fundada en Londres en 1864, agrupando principalmente a los sindicalistas ingleses, a los socialistas franceses y a los italianos republicanos.

La jaula está dentro del carromato, y esa misma noche emprenden el viaje. Pinocho por primera vez se siente desgraciado y llama a gritos a Pepe Grillo pero, por el momento, este está tan enojado que no responde. Sin embargo, cuando ve pasar el carromato, decide al menos subir a desearle suerte. Adentro, el títere le cuenta qué tan malo ha sido Strómboli con él, y Pepe Grillo decide salvarlo… infructuosamente. Mientras tanto, Geppetto, que lleva horas esperando su regreso, bajo una noche tormentosa decide salir a buscarlo.

Frente a Pepe Grillo, Pinocho llora arrepentido todos sus errores, y ante este sincero dolor, el Hada Azul baja de nuevo en su auxilio. Le pregunta qué ha pasado y Pinocho le responde una y otra vez con mentiras, pero cada una que dice le hace crecer y crecer más la nariz. Cuando Pinocho se da cuenta de esto, el Hada Azul le hace ver que, de la misma manera, las mentiras siempre crecen y crecen.

Y, ¿por qué es la nariz lo que le crece a Pinocho al decir mentiras? Collodi parece decirnos en esta figura que la mentira no es fácil de ocultar; y, lo más importante, que transforma todo el ser de quienes la emiten. En efecto, la nariz, el órgano principal del aparato respiratorio y a la vez un apéndice de nuestra cara donde se alberga el sentido del olfato, se encuentra a la misma altura de la región más importante del cerebro, el hipotálamo, que regula conductas básicas y autónomas para la conservación de la especie.

Al ver su nariz transformada de tal manera, Pinocho se asusta. Arrepentido pide perdón y promete jamás volver a decir mentiras. Pepe Grillo intercede por él, y la benévola Hada Azul lo perdona esta vez, dándole otra oportunidad; y abre la pequeña puerta de la jaula, por la que sale Pinocho y, junto con Pepe Grillo, de un salto abandonan el carromato. ¡Adiós Strómboli!

Comienza aquí el nudo de la trama, y la flecha en el blanco en la historia de Collodi. Juan Honrado y Gedeón están reunidos en un bar con un siniestro -pero amistosopersonaje, vanagloriándose y derrochando el dinero que ganaron con la venta del muñeco a Strómboli. El personaje,  perfectamente vestido como todo un magnate de los negocios, les ofrece una suma mucho mayor, ante la cual Juan Honrado pregunta a quién tendrán que… liquidar. El siniestro responde que esta vez se trata de otro negocio: colecciona niños estúpidos, de esos que no les gusta ir a la escuela.  Algo les dice en secreto y termina anunciando que suele conducirlos a La isla del placer. Cuando los malandrines escuchan este nombre se sorprenden y muestran temor a la ley; pero el magnate los tranquiliza, diciéndoles que no hay ningún peligro de ser descubiertos, ya que los chicos nunca  regresan… como niños. Les pide que le lleven muchos, ya que esa misma noche saldrá un coche hacia allá, y les advierte que no tolerará traiciones.

Por su parte, Pinocho está decidido a ser bueno. Haciendo uso de su libertad y su incipiente voluntad recién nacida a partir de su tan mala experiencia, se dirige de nuevo a la escuela, prometiéndose que nunca más será malo. Pero he aquí que Juan Honrado y Gedeón, presas de la avaricia acechan a los niños en el camino a la escuela y -¡qué “casualidad”! se encuentran de nuevo al renovado y feliz Pinocho, con sus libros bajo el brazo. Lo interceptan, le hablan de lo maravillosa que es para todos los niños La isla del placer, y con engaños lo seducen, ya que él todavía no ha aprendido a resistir la tentación. No tiene aún voluntad. “Logro resistirlo todo, salvo la tentación” dice Oscar Wilde, con filosófica ironía respecto a ese impulso irresistible por hacer algo muy atrayente aun sabiendo que nos dañará. Y Collodi conoce muy bien la publicidad mentirosa y los portavoces de que se valen los codiciosos comerciantes para anunciar a los niños, que aún no han conformado su conciencia, ni voluntad que atienda esa conciencia, lo que devino en juguetes bélicos, videojuegos de violencia, películas de acción y crimen, música insulsa, culto a los falsos héroes, golosinas y múltiples banalidades.

Por la noche, aquel siniestro personaje conduce un carretón tirado por burros y repleto de niños. Entre ellos va Pinocho junto con un tal Polilla, un chico mayor que él y bastante holgazán, que fuma y parece ir encantado a un lugar donde solo se juega, se disfruta y se consume. Por supuesto que Pepe Grillo también va ahí, pero en el estribo del coche e incapaz de hacer algo, ya que su amo ha elegido dirigirse a ese paradisiaco lugar donde la libertad sin conciencia se enseñorea. El siniestro cochero arrea a los jumentos en dirección del navío que los llevará finalmente a La isla del placer, a donde los niños entran felices ante el frotarse las manos del elegante magnate.

La Isla del placer es un lugar poblado por niños y jóvenes que desprecian el conocimiento, detestan el estudio y han elegido permanecer en una ignorancia en la que solo buscan la auto-satisfacción inmediata, el placer, la diversión, la comida insustancial y saturada de toxinas y aditamentos adictivos, convirtiéndose así en presa fácil de negociantes que sólo quieren esclavizar masas consumidoras.

En el imaginario del cineasta se perfila con claridad su Disneyland, pues la Isla del placer de Collodi, es en la película un parque de diversiones y amaestramiento, donde grandes estatuas rocambolescas a la entrada de cada atracción les arrojan cigarrillos, puros, caramelos, chocolates y otras golosinas. “¡Aquí, niños, aquí! Helados, pasteles y dulces. Coman lo que quieran hasta hartarse. Todo gratis!”. Se anuncia por el magnavoz.

Algo muy vaticinador de cuando, en sincronía con la Generación Beat, en la época de los 60s y bajo la bandera de la contracultura, los jóvenes afiliados al movimiento Hippie consumían enfebrecidos los paraísos de la marihuana y el LSD, negándose a participar en el mundo y sus avatares.

No deja de ser asombroso que en este capítulo Collodi profetice con casi siglo y medio de antelación, una actividad que hoy día es una de las diversiones favoritas de los niños: la violencia en el juego. “La casa de la riña” es la primera atracción a la que entran el holgazán Polilla y el tontuelo Pinocho cargado de pastelillos y helados de colores. Ahí, la diversión es pelear y pelear todo el día. Se les ofrece “una casa nueva, lista para destruirse”. Todo por diversión… a la que Pinocho decide entregarse, asumiendo fanfarronamente una actitud de perdonavidas. Y así es fácil para su amigo Polilla, que se siente un tipo sabelotodo y experimentado, incitarlo a beber cerveza, fumar puro y jugar billar haciendo lucidas suertes y escupir al suelo después de cada tiro; y solo por placer romper vitrales y rayar obras de arte, colocadas ahí ex profeso. En tanto, el magnate, evidentemente un hombre de poder, da la orden a sus siervos - extraños seres lúgubres y aterradores-, de cerrar con llave todas las puertas y bajar a preparar las jaulas. “Más libertad se les da, más se portan como asnos”, piensa satisfecho al ver las torpes actitudes de los niños. Collodi nos da claramente el mensaje de que la libertad sin responsabilidad es lo que hace a las capas en formación de la sociedad, transformarse en ignorantes y mansas, y así, fácilmente manipulables.

Como conciencia indisoluble de su amo, Pepe Grillo, que llegó solitario e incógnito en el mismo navío, está buscando desesperadamente a Pinocho por toda la isla, y lo viene a encontrar en el billar con los pies sobre la mesa. Cuando Polilla descubre al grillo pregunta a Pinocho quién es ese bicho, éste le cuenta que es su conciencia, quien le dice lo que es bueno y es malo, y Polilla le responde que es increíble que le llegue a hacer caso a un bicho. Y de un buen tiro y con un “Al diablo la conciencia”, manda al insecto a la tronera. Así de sinsentido -según Collodi- les resulta el concepto de conciencia a los malvados. Pepe Grillo sale de la buchaca furioso y deseando darle su merecido a Polilla, pero Pinocho lo detiene, explicándole que se trata de su mejor amigo. El autor aquí pone de manifiesto una de tantas veces en que nos encontramos en dificultades entre nuestra conciencia y nuestro mayor apego.

Pepe Grillo se indigna sobremanera de escuchar que Pinocho llama “su mejor amigo” a un muchacho vago y no a él; y muy enojado se retira del billar. Así caminando y quejándose consigo mismo de la ingratitud de Pinocho, se encuentra de pronto en un sórdido lugar donde se cargan, descargan y embarcan burros. El poderoso y siniestro personaje recibe de sus esclavos las jaulas individuales con los niños convertidos -o a medio convertir- en asnos. Todos vienen aún con su ropa original de niños. El hombre los alza por los tirantes del pantaloncillo y les pregunta zalamero cómo se llaman. A aquel que al responder rebuzna, de un jalón le saca la ropa y lo avienta a su respectiva jaula, según el letrero que esta ostenta: “Vendido al circo”, “Vendido a las minas de sal”. Pero a los que aun saben hablar y responden diciendo su nombre, los regresa a sus jaulas, obviamente con el plan de darles un poco más de dosis de embrutecimiento. Collodi sabe muy bien que para que un humano se embrutezca lo suficiente para su sometimiento y esclavización, es necesario que previamente pierda el lenguaje. No en vano y con la misma lucidez, pero de manera más directa, nos da el mensaje Octavio Paz en Posdata: “Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje”. Y, como otra profecía de Collodi, se cumple hoy que en numerosos conglomerados sociales los niños, a medida que crecen, van empobreciendo su lenguaje. Cuando los medio-asnos que aun hablan se lamentan y piden compasión, como buen delincuente de cuello blanco, el magnate les descubre su realidad: “Ya se divirtieron ¿verdad? ¡Ahora, paguen!

En tanto, en el billar del parque de diversiones, Polilla continúa haciendo magistrales tiros y enseñando a Pinocho a ser patán, mientras se le alargan las orejas y le surge un rabo. Comienza a transformarse en burro, al igual que Pinocho, pero sólo se da cuenta de ello cuando, mirando las grandes orejas de su compañerito de juerga trata de reírse de él y lo que profiere es un estentóreo rebuzno. Ambos han rebuznado, pero Polilla, al escuchar su rebuzno, se toca la cara y con las manos palpa su transformación. Corre a verse al espejo, y presa de pánico comienza a pedir auxilio, pero sus manos implorantes se van transformando en pezuñas. Después, en una escena llena de dramatismo, llama a mamá, desesperadamente pide auxilio y, fuera de sí, lanza coces que destrozan espejos y muebles. Esta impactante escena de la película termina con que a Pinocho, después de haberle crecido las orejas, también le brota un rabo. La idea es que los chicos se vuelvan ignorantes e irrespetuosos, porque así se irán convirtiendo en burros, cuyo único futuro será ser vendidos por el magnate y acabar sus días esclavizados en trabajar para el enriquecimiento de algunos. En esta moraleja del cuento, Collodi hace una clara alusión a El asno de oro de Apuleyo. Y quizá sin querer, a la moderna educación, que prepara siervos cuya fuerza de trabajo sostenga las grandes y multimillonarias empresas.

Horrorizado ante lo que ha visto, Pepe Grillo corre a buscar a Pinocho al billar para advertirle del peligro que está corriendo. Espera llegar a tiempo para prevenirlo, pero al encontrarlo se da cuenta de que este ya está siendo víctima de sus actos y está cayendo en el maleficio de metamorfosearse. Rápidamente le indica la dirección por la cual escapar de la isla, y corriendo a todo correr llegan a un alto risco, donde Pepe Grillo le ordena lanzarse al mar, y ambos se arrojan a la bravura del oleaje. Una vez a salvo, corren a casa a buscar a Geppetto, pero se nota que hace tiempo que dejó su hogar, junto con Fígaro y Cleo. Había decidido lanzarse a otras tierras en busca de Pinocho. Hay quienes perciben en esta imagen una alusión simbólica a un conocimiento gnóstico que nos enseña que, cuando nosotros buscamos la sabiduría, ella nos también nos está buscando.

Pinocho está muy triste; sufre profundamente ante la pérdida de su padre, lamentando que esta pueda ser para siempre, y por primera vez hace conciencia de cuánto lo hizo sufrir. En ese instante, una paloma pasa y deja caer de su pico una carta que, misteriosamente, dice a dónde deben buscar al buen Geppetto.

La paloma es un signo de gran relevancia en el relato bíblico. En la narración del “Diluvio Universal”, asentada en el Génesis, después de cuarenta días de lluvia enviada por la ira de Dios ante la maldad humana, Noé soltó una paloma desde el arca para saber si las aguas habían descendido, y esta regresó al atardecer del séptimo día con una rama de olivo en el pico, lo que significaba que la lluvia había cesado y Dios estaba de nuevo en paz con el hombre. Como símbolo evangélico, la paloma se hace presente en el bautismo de Jesús en el Río Jordán. Citado el episodio en Mateo 3:16, Marcos 1:10, Lucas 3:21-22 y Juan 1:32, la paloma, como representación del Espíritu Santo presente en la investidura crística, queda plasmada en el imaginario religioso, artístico y popular. Sin embargo, parece que Collodi va más allá en el uso de este símbolo, pues a partir de la aparición de la paloma en el cuento, Pinocho experimenta una dramática transformación. En un encadenamiento de simbologías, el autor parece aludir a la teología agustiniana en cuanto a que el Espíritu Santo es “el don reconciliador de Dios”.

La carta informa que Geppetto está en el fondo del mar; y, decidido a encontrar a su padre, Pinocho se arroja a las aguas, habiéndose atado grandísima piedra a uno de sus pies.

En efecto, cuando buscaba a Pinocho en los mares, Geppetto fue tragado por la ballena Monstruo. En la película de Disney, él con sus mascotas y el barco en que navegaba se  encuentran en una especie de cámara hueca, abovedada por el costillar del gigantesco mamífero. Dentro de esa bóveda, Geppetto cada día espera que Monstruo abra las fauces para pescar desde la borda su alimento entre los miles de peces que con el agua entran. Simbólico resulta que esa cámara cetácea es el lugar del corazón y los pulmones del animal, justo los órganos cuya misión es purificar la sangre, y con ella todos los órganos del cuerpo. En la masonería existe la “Cámara de reflexión”, que en grado de aprendiz reza: “Condúceme de la oscuridad a la luz”.

Muchos estudiosos encuentran en esta vivencia de Geppetto una referencia a Jonás (Yōnā cuyo significado es “paloma”), profeta que, enviado por Jahveh a ir a predicar a los ninivitas, ya por cobardía, ya por recelo, desobedece y huye de sus responsabilidades desviando su rumbo más de tres mil kilómetros. Pagó su falta habiendo sido arrojado al mar, tragado por una ballena y posteriormente vomitado en tierra seca. Y como una matrushka de narrativas insertas una en otra, este libro del Antiguo Testamento es citado por el evangelista Mateo en el capítulo 12, versículo 40: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches”.

En la cosmogonía de varias culturas, las ballenas tienen una importancia muy significativa: son las encargadas de mantener el equilibrio de las aguas en todo el planeta, y las vibraciones de sus cantos son tan poderosas que pueden restablecer el orden y el equilibrio ante el caos que los humanos generamos en la Tierra. Siendo, también, los seres designados a custodiar las profundidades del espíritu, nos pueden guiar a lo más recóndito de nuestra memoria, donde se guarda la información que podemos usar para liberarnos y curarnos del sufrimiento. En el estudio hermético, la ballena simboliza la originalidad de la inspiración creativa, y sobre todo las emociones profundas, que se sumergen en lo más hondo de nuestro ser, y cuando surgen, son como monstruos con quienes tenemos que entablar una confrontación a fin de evitar que nos devoren. Por eso la ballena significa claridad emocional y sabia navegación en el mar de la vida. Para algunas culturas indias americanas simboliza el renacimiento espiritual. En este punto de su narración Collodi nos invita a sumergirnos en nuestras profundidades para encontrar discernimiento.

Pero he aquí que Pinocho y Pepe Grillo han sido tragados por la misma ballena; así que cuando se encuentran los cinco personajes, las muestras de amor y dicha son profundas. Pero ahora, ¿como salir de la ballena? A Pinocho se le ocurre algo ingenioso: quemar toda la madera del barco y crear una gran humareda, tan grande, que haga toser a la ballena. Con la expulsión de agua causada por la tos, ella abrirá la boca y ellos escaparán. Así sucede, pero Monstruo se enfurece y comienza a perseguirlos, creando tremendas marejadas, corrientes y aguas turbulentas.

Con visos junguianos, el mar viene a ser un símbolo del inconsciente. Y en este punto el agua vuelve a ser otro símbolo masónico y cristiano: Puede leerse en Juan 3:5: “De cierto te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

Casi no existen rituales místicos sin agua, y todos ellos simbolizan la limpieza, y de algún modo, el renacimiento espiritual. En el bautismo cristiano, hay purificación y remisión del pecado original. En el rito musulmán, hay que lavarse con agua antes de la oración y de tocar el Corán, y con agua se hacen las abluciones; los judíos observan el Mikveh, y usan el agua para recobrar el estado de pureza; para el hinduismo, el agua es el medio de lograr la purificación espiritual. El budismo, el zoroastrismo, el sintoísmo, le dan al agua un poder sagrado. Y así ha sido desde que los sumerios y civilizaciones más arcaicas consideraron al mar un principio divino.

Cuando Pinocho y sus compañeros son expulsados del interior de la ballena al mar, el agua actúa en él como elemento purificador. Después de una desesperante lucha por sobrevivir, en la que Pinocho salva a Geppetto de perecer ahogado, éste y las mascotas son arrojados por las marejadas a la playa. Cuando el viejo carpintero se recupera del impacto ante la ira del Monstruo y la extenuante lucha contra las aguas revueltas, abre los ojos y ve en la arena el pequeño cuerpo de Pinocho balanceándose inerte en las aguas bajas del oleaje. Y es que habiendo encontrado y salvado a su padre, Pinocho sucumbe ante la fuerza de las violentas aguas. Geppetto recoge el pequeño cuerpo, lo lleva a casa, lo tiende en la cama y se arrodilla a llorar inconsolablemente su muerte.

Para el títere, el haberse vuelto consciente de que actuó mal al evadir las responsabilidades de su condición de niño, al haber mentido al hada que le dio vida y haber sido ingrato con su padre, por un lado; y por el otro, el haberse arrepentido y el haber entregado su vida para salvarlo, mostrando más que generosidad, heroísmo, le permiten nacer de nuevo. Otra vez nos encontramos una alusión literaria y simbólica al evangelio de Juan: “Respondió Jesús y le dijo: de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (…) Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te sorprenda que te diga: os es necesario nacer de nuevo.” Aquí Collodi nos da el mensaje de que Pinocho ha sufrido una muerte mística, y con ella, una liberación: murió a su vida de títere. Y aquí una nueva referencia a Juan, quien en 15:13 de su evangelio declara: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por los que ama”. Así que Pinocho, una vez redimido por efectos del amor, vuelve a la vida, pero no ya como muñeco exquisitamente construido, con el pulido cuerpo de madera unido por finos remaches, sino con su mórbido e inconsútil manto de piel humana. Un niño de verdad, como tanto lo deseó su padre.

En el significado iniciático de los simbolismos, el evangelio de Juan parece ser el epílogo de la obra. La importancia del amor es la clave: el padre crea al hijo con amor.  Después de una vida tortuosa, el hijo busca al padre con amor. Y por medio del amor, el hijo se hace hombre. Collodi es absolutamente coherente con su pensamiento, pues dos son los pilares en que reside la doctrina masónica: el cristianismo y el esoterismo.

IV

Al igual que Jules Verne, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov o William Gibson, Collodi es un escritor visionario. Como Aldous Huxley o George Orwell, se mueve en los terrenos de lo humano individual y social, y con una crítica severa y certera, se adelanta a su tiempo, describiendo con maestría detalles de un sistema que llegará a su culmen 140 años después: la desbocada ambición comercial, el constante engaño publicitario, el abuso a la inocencia de los menores, la inconsciencia del individuo, la trata de niños, el fraude, la delincuencia plutocrática, que es escandalosamente más nociva que la delincuencia común. El desprecio por los valores de orden moral, por la ética, el arte y todo lo que implique evolución o desarrollo intelectual, psicológico, espiritual o de la sensibilidad; la devaluación de la educación y de todo tipo de progreso humano que no sea redituable, que no represente nichos de mercado o derrama económica; la esclavitud psicológica de las masas y el interés por su embrutecimiento, con el fin de que sean más fácilmente manipuladas y sometidas al consumo indiscriminado. Nos dice que mayor lucro es mantener al vulgo ignorante, crearle necesidades y luego exacerbar y alimentar sus placeres. En el ámbito de la filosofía social y la responsabilidad individual y colectiva, el Pinocho de Collodi es una dura, pero acertada crítica a este sistema violento, salvaje, voraz y deshumanizante cuyos estertores aun siguen sacudiendo occidente en este ya adelantado siglo XXI. Y todo ello y más, en un cuento infantil de apariencia inocente. En efecto, quizá la razón de que sus méritos no han sido justamente valorados, es el haber hecho su crítica a través de un cuento supuestamente moralizante y dirigido exclusivamente a los niños.

Carlo Collodi falleció en Florencia el 26 de octubre de 1890. Enterrado en la Basílica de San Miniato al Monte, murió sin sospechar que su cuento llegaría a llevarse al cine por un productor magistral, y menos aun, que alcanzaría una popularidad histórica. Tal como su personaje, su cuento tomó vida propia.

En efecto, a partir de 1936, numerosas películas, series y cortometrajes se han realizado en torno al cuento de Collodi, desde las propiamente infantiles -en algunos casos insulsas-, hasta la versión japonesa Pinocchio: The Series, que nos muestra en Pinocho a un sociópata, con severos trastornos de la personalidad, como delirio de grandeza, arrogancia, imprudencia, indolencia, estupidez, irresponsabilidad, desobediencia, tozudez, mitomanía compulsiva e incapacidad de sentir remordimiento y de aprender de los propios errores; todo lo cual nos invita a leer la historia original con su carga de reflexiones sobre lo difícil que es ser niño en un mundo profuso en crueldad y peligros, y florecer en un sistema cada vez más creciente productor de sociópatas.

Sin embargo, sería interesante que alguno de los grandes cineastas que tenemos hoy día volviera su mirada a esta narración, y con la misma profunda y respetuosa interpretación que le brindó Walt Disney, realizara un filme para adultos, con esos personajes tan coloridos, sobre un tema tan siniestro: enfrentarnos a nuestros propios abismos; o tan humano, si se le ve desde el punto de vista del papel que juega la conciencia en el ejercicio del libre albedrío, es decir, como un viaje o como un puente por el que podemos transitar de ser inconscientes marionetas manipuladas, a seres humanos conscientes y co-creadores, como lo dice San Agustín y lo recuerda Etty Hillesum. O Maimónides, cuando asevera que el hombre es el ser al que se le ha otorgado ratificar su ser.

© 2016 Graciela Agudelo. México

El Aborto

EL ABORTO (1)

Problema que debe solucionarse

Guillermo Agudelo Murguía
J. Guillermo Alcalá Rivero

La gobernabilidad implica legislar, hacer cumplir las leyes y castigar en caso de su trasgresión. Pero también implica proporcionar a los grupos sociales la Información apropiada, completa y actual para la discusión de los graves problemas que los afectan. Es igualmente indispensable dotar a estos grupos con los medios para sostener auténticos diálogos en que la dialéctica sea el instrumento rector. Es indispensable que las leyes que rigen la sociedad estén en consonancia con las leyes de la naturaleza.

"¿Qué valor tendría el empeño de saber si sólo nos concediera la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y en la medida de lo posible, el desvarío del sujeto que sabe? ¿Qué es la filosofía sino la labor crítica del pensamiento sobre sí mismo?¿Y si, en vez de legitimar lo que ya se sabe, consistiera en saber cómo y hasta dónde es posible pensar de otra manera?"
Michael Foucault(2)

Introducción
     El aborto no es sólo un tema de gran actualidad capaz de generar las más encontradas y enconadas divergencias en cuanto a su enfoque y solución, sino uno de los graves problemas que afectan a la humanidad. Este documento se inicia con una semblanza de esta problemática y la descripción de los marcos teóricos en los que se sitúan las dos posiciones antagónicas que al respecto existen. Así mismo se intenta aportar elementos que ayuden en la profundización de su análisis, con la esperanza de encontrar una solución que ofrezca una guía de las políticas públicas en este respecto que permita una avenencia. Ya que debe ser abordado por estudios solidamente fundamentados en la ciencia y la razón. Este trabajo intenta tener una sustentación filosófica racional y una firme base científica, aunada a un saludable respeto por los valores humanos.
     Actualmente existen dos posiciones opuestas cuyos puntos de vista son irreconciliables. Esto crea tensiones graves que inclusive llevan a la violencia. Al pertenecer a una de las posiciones, las decisiones de la autoridad sólo polarizan y agudizan el problema. Todos los intentos por encontrar una solución inteligente, moderada, lógica y práctica tropiezan con el decidido rechazo de alguna de las partes en conflicto. Si existe un consenso, parece ser el que no existe la posibilidad de llegar al mismo para encontrar la mejor solución para todos. Tal vez el tratar de lograr esto sea imposible, por lo que no esperamos una aceptación total con lo que a continuación se expone. Por el momento, baste decir que la única posición que aquí se defiende es lo perfectible de esta propuesta, la cual sólo aspira a ser un punto de partida para una discusión más rica con los lectores.

La situación actual
     Cuando se inspecciona la literatura sobre el aborto, no puede uno sino impactarse por la polarización a que el tema da lugar. Una de las partes se constituye por quienes están en contra del aborto en cualquier forma, comparando a los que ellos llaman pro abortistas con el holocausto y los campos de concentración alemanes, tildándolos de homicidas, asesinos de niños, se olvidan que en realidad ninguna persona con sentido común está a favor del aborto per se. Pero con todas las connotaciones negativas que estos adjetivos conllevan no desmerecen ante las invitaciones abiertas y exhortos de algunos de los llamados grupos pro vida para llevar a cabo asesinatos, siempre en nombre de las vidas inocentes de los niños abortados o por abortar, cómo frecuentemente sucede en países como los Estados Unidos.
     En el otro extremo se encuentran los partidarios de la pro-elección o pro-aborto, como sus oponentes les llaman. Este epíteto ya es de por sí otra brecha que mina de manera no muy dialéctica cualquier intento de conciliar ambos puntos de vista. El énfasis de esta perspectiva se basa, casi enteramente en la privacidad, en el derecho inalienable de la mujer para hacer la selección que más le convenga. Sin embargo, este enfoque tiende a evadir lo más fundamental del dilema en cuestión, el inicio de otra vida humana. En otras palabras, mientras que los grupos anti-aborto simplemente abogan por que se impida éste a cualquier costo, los grupos pro-elección reclaman el derecho de la mujer por llevarlo a cabo si, de acuerdo con las circunstancias, ésta así lo decide. Pero estas posiciones tan encontradas ¿no han olvidado lo que quizá sea lo verdaderamente fundamental: en qué estado del desarrollo fetal éste puede ser considerado como ser humano? Algo más que ha quedado fuera de este conflicto es llevar a cabo su análisis no sólo desde una perspectiva filosófica, sino también, desde la perspectiva de ciencias emergentes como la Complejidad y el Caos, desgraciadamente este vacío frecuentemente se encuentra en los temas en que la ciencia ortodoxa incursiona.
     De acuerdo con Richard W. Kropf(3), una manera de plantear el problema es considerar a la gente anti-aborto como “esencialistas”. Un “esencialista” estima que, no obstante que una bellota no es exactamente un roble, ambos son una misma especie y la bellota es un roble en potencia, ya que poseen el mismo ADN o material genético, por lo que, dadas las condiciones adecuadas, la bellota debe eventual e inevitablemente llegar a ser un roble, sólo un roble, y no cualquier otra especie arbórea.
     Sin embargo, el mismo epíteto de “esencialista" es también apropiado para las personas pro-elección, al menos en un sentido del término. De acuerdo con su perspectiva, si algo, sin que importe el reino al que pertenezca, no funciona de acuerdo con las características específicas de los miembros más maduros o acabados de su especie, entonces no alcanza la categoría de éstos, por lo que no merece ser un roble o, en nuestro caso, un ser humano. Por lo tanto, si se trata de un roble, éste debe tener tronco, ramas y producir por sí mismos bellotas, entre otras muchas características, antes de que pueda catalogarse como tal. Y aun cuando admiten que las bellotas puedan eventualmente llegar a ser robles, tienen problemas para explicar como la bellota llega a ser semillero, empezar a crecer para finalmente convertirse en árbol.
     La gente a favor de la elección sostiene que las personas en contra del aborto tratan de imponer argumentos basados en sus creencias religiosas. En tanto que estos estiman que su oposición al aborto no debe seguir siendo considerada como una doctrina meramente “religiosa” sino que el aborto se debe tratar como una más de las leyes del código penal, igual a las que legislan contra el asesinato o el abuso infantil.
     El hecho es que todos estos conceptos éticos tienen una interpretación semántica muy subjetiva, por lo que ésta muestra un amplio espectro de significados. Por ejemplo, lo que constituye “abuso” o “asesinato” en nuestra sociedad puede ser visto como una forma de “justicia” en otra sociedad. Inclusive alguna etnia contemporánea en peligro de extinción no duda en sacrificar a un infante cuando la primera dentición se da en la mandíbula que consideran tabú, no obstante que esto agrava el inminente peligro de su propia desaparición. A pesar de que en la mayoría de los países modernos se considera la pena capital como una forma de barbarie o revancha, sólo una forma más sofisticada del antiguo axioma de “ojo por ojo y diente por diente”, el país hegemónico actual la tiene como base de sustentación de su sistema jurídico. Así, el considerar un feto como “persona” tiene un profundo soporte filosófico, aun cuando este punto de vista se base en una creencia religiosa. En este trabajo se pretende dar a este concepto el soporte científico de las ciencias emergentes.

El papel de la Filosofía, un recuento historiográfico
    Una forma de tratar de entender este conflicto es enfocarlo desde el punto de vista de la historia del pensamiento occidental, considerando su influencia en nuestro actual pensamiento. En particular, existen dos corrientes filosóficas que se han combinado en la civilización occidental y conforman las actitudes actuales en cuanto al aborto. Una de ellas, quizá la mas obvia en la literatura y la retórica de los movimientos anti–aborto, es la visión platónica del “alma” como una sustancia inmaterial e inmortal, una especie de “doble” espiritual del ser, destinada a continuar viviendo después de la muerte. No obstante, se ignora el hecho de que en su forma original esta creencia incluía la preexistencia del alma que reencarnaba en toda una sucesión de vidas, de manera no muy diferente a la trasmigración de las almas, ampliamente difundida en Asia.(4)
     Dejando de lado las creencias sobre la reencarnación, una idea similar a la de que el alma, en algún sentido, está relacionada íntimamente con el desarrollo del cuerpo, fue sostenida por Hipócrates, fundador de la medicina, cuya prohibición a los médicos de hacer cualquier tipo de daño a sus pacientes, incluía el uso de abortivos. De este modo, el juramento que lleva su nombre fue adoptado desde el cristianismo primitivo y ha llegado a ser la base del código ético de la medicina occidental.
     La otra influencia mayor en nuestra civilización sobre el tema es, por supuesto, Aristóteles. Quien, aunque también habló del alma, tenía ideas diferentes de las de Platón. Para Aristóteles, el alma no era un tipo de “sustancia” espiritual, sino que era un principio abstracto que informaba a la materia prima la “forma” que debería adoptar. Desde este punto de vista, se pensó que todos los seres vivos poseían “alma”, aunque sólo la de pocos de ellos era inmortal. Así, las plantas tenían alma de planta, los animales poseían alma animal, las cuales informaban al organismo que las contenía las características de su especie. La individualidad era sólo un trozo de materia que había sido informado o, de acuerdo con los escolásticos medievales, en el caso de los humanos, dotado de alma.
     Desde el punto de vista de la biología moderna, lo más relevante de la perspectiva aristotélica es que cada estado del desarrollo del organismo poseía la información suficiente y necesaria para avanzar al siguiente estado. Así pues, el primer estado de gestación era descrito como “vegetativo” y no pasaba a estado “animado” hasta que la naturaleza trabajaba a través de estados de crecimiento puramente vegetativos. En el caso del embarazo humano se podía deducir que un verdadero ser humano no se podría considerar como tal hasta que el nivel “animado” de desarrollo estuviera terminado, lo cual tenía lugar en algún momento entre los 40 y los 80 días después de la concepción. Inclusive, Tomas de Aquino argumentaba que no había suficiente desarrollo de la infraestructura biológica para soportar la presencia de un nivel distintivo de un alma humana, hasta que ese desarrollo se hubiese dado en el plazo antes señalado de 40 y los 80 días después de la concepción.
     Definitivamente, la ciencia de la embriología humana y la biología en general han avanzado un gran trecho desde la época de Aristóteles, pero no deja de ser sorprendente la prolongada relevancia e influencia de esta visión. Quizá una de las razones es que esta concepción parece ofrecer un acercamiento más “científico” por su carácter empírico. Baste decir que su punto de partida es la observación de la naturaleza.
     Cuando uno se adentra en la historiografía de la filosofía occidental es sorprendente que este enfoque empírico, alejado de la revelación divina, haya influenciado tanto y por tanto tiempo la teología cristiana. Y no es que los cristianos medievales tuvieran una visión laxa de la seriedad del aborto, de hecho, todas las formas de interferencia deliberada con los procesos naturales de reproducción, incluyendo las de contraconcepción, se consideraban pecado capital. Aunque el aborto no era tan punible como el asesinato o el infanticidio.
     El embriólogo católico Robert T. Francoeur  ha resumido sus trabajos sobre la situación, en un artículo publicado  por C.C. Harris y F. Snowden en el libro,  Bioethical Frontiers in Perinatal Intensive Care (pp. 19-37).

“Por 400 años, los teólogos cristianos siguieron la teoría de la preformación hipocrática y condenaron cualquier interferencia con la vida fetal. Después de considerar la idea de que los seres humanos están preformados en el semen, Agustín de Hipona adoptó la visión aristotélica de una serie de principios o almas para animar las vidas. En la edad media, Tomás de Aquino añadió su autoridad a la visión de Aristóteles. Entre el siglo V y el final de la edad media, terminar la vida de un feto en el primer trimestre o antes de que empezara a moverse no era considerado aborto u homicidio, aunque se considerase una interferencia inmoral con el proceso natural que conduce a un ser humano."

     La idea de que el alma es introducida de alguna manera por Dios en un organismo o alternativamente creada por los mismos padres en el momento de la concepción, provoca serias complicaciones, tanto biológica como filosóficamente hablando. La fertilización del óvulo por el esperma, es en sí misma un complejo proceso que involucra una serie de estados con duración aproximada de 24 horas, periodo en el que cualquier número de mal funciones pueden ocurrir (Ver Keith L. Moore y T.V.N. Persaud, The Developing Human: Clinically Oriented Embryology, 6th. edition, W.B. Saunders Co., 1968, pp.34-36.) Vista desde esta perspectiva, la biología contemporánea carece de los medios para responder al momento exacto en que comienza la vida humana, ya que sólo describe la división celular que eventualmente puede resultar en  la vida humana. La “concepción” se acerca más a una conceptualización que sólo las ciencias emergentes del Caos y la Complejidad puedan dar.
     Aun más, en el fenómeno de los gemelos, cuando se inicia una división repentina varios días después de la “concepción”, produciéndose distintos embriones individuales, se presentan grandes dificultades para los que defienden la creación simultánea del alma en la concepción ¿Cuándo realmente empiezan a ser dos almas? ¿O se crea posteriormente otra alma que “informa” al gemelo? Pero la situación se complica aun más, si esta situación se revierte durante las dos primeras semanas del embarazo y este “pre-embrión”, antes de la aparición del cordón neural, es reabsorbido dentro del sistema reproductivo. Obviamente, este último hecho está en conflicto con la idea de que una segunda alma esté presente en ese estado primario. Otro problema: ¿qué informa al espermatozoide que debe unirse al óvulo y seguir el proceso de división sin tener el "alma" que lo informe?
     Las investigaciones actuales de la embriología han avanzado un gran trecho desde entonces. Si Tomás de Aquino y sus seguidores entrasen en contacto con el estado actual de la ciencia, sin duda revisarían sus apreciaciones sobre la posibilidad de la existencia del alma en un ser en una época tan temprana como la que va de la quinceava a la veinteava semana de gestación. Pero aún el dividir todo el proceso toscamente en dos, como aquí se ha expuesto, significaría reforzar el pensamiento "esencialista" de todo o nada que prevalece en la argumentación de ambos bandos.
     A la luz de esta breve reseña historiográfica, es interesante saber cómo llegó a ser dogma oficial la extendida opinión de que hay un alma humana inmortal presente en el momento de la concepción. Algunos sugieren que se inició con los primeros experimentos con microscopios primitivos hace unos pocos siglos, cuando algunos investigadores juraron que habían visto gente diminuta (humunculi) en muestras de esperma humana. Francourt nos recuenta la historia:

“En cuanto el Renacimiento apareció con su énfasis en la observación, la idea de una secuencia de los principios de la vida y la aceptación de un aborto temprano fueron desafiados. En la Universidad de Lovaina, Fienus reportó un embrión humano de tres días totalmente desarrollado. Alrededor de 1670 el óvulo y los espermatozoides fueron observados por primera vez, abriendo un siglo de debates. De toda Europa, profesores de medicina anunciaron sorprendentes observaciones de formas humanas todas hechas ovillo en la cabeza de los espermatozoides o en el óvulo o empezando a desarrollarse en embriones de sólo unos pocos días. Si humanos preformados podían realmente ser vistos en la esperma o en el óvulo, entonces una revolucionaria, lógica e ineludible idea surgía: El alma y la persona humana debían estar presentes desde el primer momento de la concepción. Cualquier interferencia con esa persona totalmente humana desde el momento de la concepción y aún antes, tenia que ser inmoral. Incluso un teólogo se pronunció porque fuera obligatoria la poligamia, para dar a la mayor cantidad de humanos preformados en la esperma, la oportunidad de desarrollarse.

A medida que nuevos descubrimientos salían a la luz, el Papa Sixto V proscribió toda interferencia con los fetos después de la concepción para salvar a los humanos preformados. Tres años después, Gregorio XIV reafirmó la posición de Aristóteles y otra vez se permitieron los abortos en el primer trimestre, sólo para que un Papa posterior diera marcha atrás. Un siglo más tarde, en 1775, Spellanzani experimentó con inseminación artificial, probando que no había sustancia preformada ni en el óvulo ni en la esperma y que ambos eran esenciales para la concepción. Sin embargo, la teoría de la preformación triunfó en los círculos católicos, mientras que muchos protestantes siguieron a Aristóteles y a los científicos, con mejores microscopios y menos imaginación.” (Ibíd.)

    De este modo, la pérdida de la sutil división hecha por la teología medieval, no obstante, cuan tosca fuera su biología, daba pie, pese al advenimiento de la ciencia moderna, al regreso de la visión platónica del alma, que, aunque parezca mentira, nunca fue compatible con la creencia cristiana. ¿Cómo se explica esto? Parece que ha habido mucha confusión entre los primeros científicos. Pero quizá la respuesta más obvia es que la visión más “espiritual” del alma, sostenida por Platón, nunca perdió realmente su fascinación sobre la mente humana occidental. Ciertamente la era de la Ilustración trajo consigo el surgimiento de la ciencia moderna. Parcialmente, ésta era sólo un sobre crecimiento del Renacimiento que, a lo largo de su regreso a las antiguas Roma y Grecia en busca de inspiración artística y literaria, provocó el renacer del pensamiento platónico y de su correspondiente filosofía neo-platónica. Así, la visión platónica del alma volvió llena de fuerza, esta vez con la ayuda de una evidencia inocentemente recogida del examen microscópico, después de ser purgada de sus ideas de reencarnación y tomada por los primeros teólogos cristianos y “leída” dentro del entendimiento cristiano de la Biblia.
    Con todas las modificaciones introducidas con el restablecimiento del pensamiento helénico, la doctrina platónica de la naturaleza inmortal del alma ha continuado hasta nuestros días dando forma al pensamiento cristiano sobre el tema, pese a los fuertes intentos que por repensar el asunto se han hecho, Esto ha traído como resultado que los "esencialistas" están en realidad imbuidos en una tradición filosófica helenista que poco tiene que ver con lo que las escrituras, de origen judío.
     Se tiene que aceptar el  hecho de que la vida, más allá de cualquier retórica al respecto, resulta de embarazos que logran un feliz término. De acuerdo con autoridades citadas por Moore y Persaud (Ibid. pp57-58), un gran número de embriones humanos, quizá más de la mitad, son abortados espontáneamente, sin que intervenga algún acto deliberado. Y hay otras autoridades que ven estas cifras como muy conservadoras, algunos aún discuten que la taza de supervivencia de los embriones humanos llega a ser tan baja como el 16% o inclusive menor. Así que si se quiere sostener la opinión de que Dios le da existencia a un alma para cada ser humano concebido, entonces existe la contradicción de que Dios parece estar más interesado en poblar el cielo con las almas de pequeños abortados, que la Tierra con niños.  Si éste fuese el caso ¿cómo se podría considerar inmoral el aborto, cuando Dios aparentemente permite que suceda a una escala mucho mayor? Aunque claro, siempre se puede utilizar el argumento comodín que en cualquier caso saca de apuro a los “esencialistas”: "Los incomprensibles designios divinos determinan el porcentaje de embriones que debe ser abortado, mismo que no debe ser alterado por el ser humano."
     Este argumento de un alma creada es más de carácter religioso o de una teodicea(5)  que un tema apropiado para las ciencias biológicas, mismo que se debilita al compararlo con la tasa de mortalidad infantil a lo largo del tiempo. No debe ignorarse la problemática teológica que conlleva explicar el gran número de abortos espontáneos. El limbo o estado de felicidad natural es el sitio al que son conducidas las “almas” de estos niños no natos, pues un Dios toda misericordia no puede permitir que esas “almas” sufran para siempre en el infierno. Aunque aquí se presenta todavía otro dilema más. El limbo es el sitio para niños no bautizados ¿Reciben los no natos el mismo tratamiento? ¿El bautizar el feto antes de que fisiológicamente muera resolvería el problema? etc. En cualquier caso, la creencia de que las almas de estos niños, nacidos o no, sean relegados a algún tipo de destino eterno, feliz o no, es otro punto a discutirse.
     Continúa la gran incógnita filosófica de cuál es exactamente la función de esta supuesta “alma”. Hemos visto que, de acuerdo con la entelequia aristotélica del tema, el alma se piensa como la información que da “forma” al cuerpo en contraste con la “materia” aún no formada. En otras palabras, es el alma la que da a cada organismo una determinada configuración con sus características únicas.  Actualmente se asigna ese papel de transmisor de la Información al ADN con su resultante “hechura” genética, única para cada individuo, excepto en el caso de gemelos idénticos o más recientemente de los clones. Quizá es en este último caso que una “alma” diferente pudiera verse como poseedora de una función diferenciada. Pero otra vez, de acuerdo con la tradición helenística no sería la forma (o ADN) la que daría a cada sujeto su individualidad, sino la “materia” como tal, como lo aseguran los biólogos. Porque Aristóteles parece pensar que la inmortalidad es problemática, al hablar sobre la muerte. Nosotros creemos que el alma humana continúa existiendo como parte de una especie de “alma mundial”. Esta visión nos da también una pista de por qué teólogos medievales cristianos como Tomás de Aquino enfatizaron la necesidad de algún tipo de resurrección física para asegurar la inmortalidad como individuos.
     Sin embargo, pese a todos estos problemas e inconsistencias, muchos cristianos de buena fe se han impuesto a sí mismos una imposible atadura en este asunto. Temiendo perder el apoyo, tanto de sus interpretaciones de la Biblia, como de su media recordada tradición teológica, no se percatan que con esto destruyen o cuando menos ponen en peligro “la prenda sin costura” que pretenden construir alrededor de la real y vital necesidad de proteger la vida humana en todos sus estados de desarrollo. Ciertamente es una causa meritoria, pero ¿puede avanzar entre tinieblas un pensamiento ya de por sí contradictorio? Uno debe recordar aquí el comentario atribuido al filósofo Alfred North Whitehead, que expresando su admiración por la Iglesia Católica dijo: “… porque enseña todas las cosas correctas… aún con razones equivocadas”. No estamos sugiriendo que las  personas religiosas deban darse por vencidas en sus esfuerzos por defender su punto de vista. Pero para hacerlo existe la ingente necesidad de que replanteen sus argumentos y repiensen sus razonamientos. La pregunta es ¿cómo?
     Cualquier solución a este antiguo problema debe ser fundamentada en la ciencia moderna. En parte, esto fue lo que trataron de hacer los cristianos en el  medioevo, cuando voltearon hacia Aristóteles para revolucionar su acercamiento a la filosofía y la teología. Hijo de un médico, Aristóteles inició sus razonamientos con base en el empirismo. El problema de los medievales fue que descuidaron el reinvestigar y contrastar los datos científicos que Aristóteles había usado, en lugar de esto, simplemente se le consideró como autoridad inapelable en  física y biología. No fue sino hasta varios siglos después que, con la invención de instrumentos como el telescopio y el microscopio, se empezaron a cuestionar las observaciones aristotélicas por poco precisas o, inclusive, erróneas. El principio fundamental de que el razonamiento humano empieza con aquello que somos capaces de observar e investigar con la metodología científica es necesario. Sin embargo, se deberá tomar en cuenta que todo parece indicar que el marco científico de la ciencia moderna está siendo superado y que nos encontramos en el umbral de una nueva conceptualización dada por la teoría de los sistemas dinámicos no lineales la cual da lugar a la Complejidad y el Caos.
     Para Teilhard de Chardin todo lo que tiene vida tiene conciencia, en diversos grados. Lo material tiene también esa conciencia (que actualmente se puede identificar como la información), aunque en un grado tan elemental que es difícil comprender para nuestra no suficientemente evolucionada razón. No se pretende ignorar el rol que tan preponderantemente han tenido las creencias religiosas en la historia de la humanidad. La ciencia sólo puede intentar explicar el qué y el cómo de las cosas lo mejor que pueden. Ahora bien, la ciencia rara vez puede sugerir el porqué, dominio que pertenece más a la esfera de la filosofía y la religión. Es necesario que las creencias religiosas se entiendan como un método de expresar esos porqués”, esos altos significados y valores, expresados mediante un lenguaje a menudo poético y poco científico.
     Nuevamente, Richard W. Kropf cita al Cardenal Baronius quien al comentar sobre la controversia con Galileo dice: “Las Escrituras fueron elaboradas para decirnos cómo llegar al cielo, no para decirnos cómo funciona el cielo”. Sin embargo, es digno de notar que estudiosos de la Biblia han demostrado que la visión hebrea antigua tiene mucho más en común con la visión científica moderna que su interpretación a la luz de la doctrina platónica sobre el “alma” inmortal. Esta visión hebrea es más congruente, en su significado literal, con la visión terrena de la naturaleza humana, Adan o “humanidad”, así llamado porque se tomó de adamah o “la tierra”.
     Pero esta no es razón para ignorar el papel relevante que en el desarrollo de la cultura humana y sus valores ha tenido la orientación platónica. Sin embargo, vale la pena hacer notar que la doctrina budista de la anatta (literalmente, sin alma) atribuida a Gautama y acentuada por el budimo Theraveda, parece repudiar la doctrina Védica Hindú sobre el atman (alma) inmortal con más fuerza que el punto de vista bíblico contradiciendo la visión platónica. Más aún, el más popular budismo Mahayana parece haberse adaptado a las visiones de reencarnación de muchas sociedades pre-budistas, de manera parecida a la que el cristianismo adoptó con las ideas platónicas del “alma”. Como resultado, la doctrina budista parece haberse “psicologizado” en un énfasis en el desprendimiento del “yo” como un medio para una eventual adquisición del nirvana. En este sentido, la doctrina del “alma” y su ascenso a lo Último, con sus contrapartes en las enseñanzas hinduista y budista, continúa sirviendo su función evolucionista por derecho propio: establecer una meta para el esfuerzo humano de trascender la humildad de nuestro origen y las limitaciones de nuestra vida. Todas estas creencias (al igual que el Dalai Lama, representante de la tercera gran rama del budismo tántrico del Tibet), han emitido su opinión en el sentido de que el aborto viola la doctrina de lo sagrado de todo “ser sensible”,
     Las teorías psicológicas modernas, no solo las de Freud sino más especialmente las investigaciones de Jung y otros, muestran el papel vital que ha jugado el pensamiento mítico en el desarrollo de la civilización y por consiguiente en nuestro futuro como individuos. Nuestra “alma” o el “yo”, en  términos jungianos, es una proyección no tanto de lo que somos, sino de lo que podemos llegar a ser. O como los antiguos Padres de la Iglesia a menudo expresaban, mientras entraban a las intuiciones de los filósofos neo-platónicos, “Dios se hizo hombre, luego el hombre puede llegar a hacerse Dios”. Si no somos fisiológicamente inmortales, nuestro destino sí es un destino inmortal. La tragedia del aborto no es que se prive a un alma, la conciencia, de la oportunidad de vivir, sino el negar a un feto la oportunidad, su derecho de llegar a humano y convertirse en una conciencia inmortal.
    Aristóteles creía que los animales generalmente nacían de organismos idénticos, pero también sostenía que podían surgir de la materia inerte. En algunas de sus obras habló de generación espontánea. Moscas, mosquitos, polillas, moluscos, peces y hasta animales superiores, en su origen con forma de gusano, podían aparecer espontáneamente en los estercoleros, en la tierra, en los pozos y en sustancias en descomposición. Aunque equivocado en este aspecto de la generación espontánea, Aristóteles tenía una gran intuición sobre el fenómeno de la vida.  Como ya se señaló, según él, en cada cosa existe un “principio pasivo”, la materia, y un “principio activo”, la forma. Todo lo que existe es producto de una combinación de ambos principios. Lo interesante de esta teoría es que el principio activo “informa” a la materia la conformación externa que debe adoptar. Por ejemplo, un huevo fecundado contiene un principio activo, que no es una sustancia, sino “Información” para organizar la materia del huevo y engendrar al ser. Lo acertado de la intuición de Aristóteles se demuestra con el siguiente texto de 1997 sobre el mismo tema:
    ...claramente, una célula de huevo fertilizado, se desarrolla en un organismo complejo sin ningún esfuerzo directo consciente, o intervención por parte de la madre. Esto es, la naturaleza rutinariamente revierte la entropía (nuestro énfasis) o para ser más técnicos, revierte el incremento de la no disponibilidad de energía. En buen castellano, más energía se hace disponible.(6)

Algunos interrogantes
¿Cómo comenzó la vida?

    Por mucho tiempo, las posibles opciones eran tres:

1.    Considerar que la vida ha sido creada de manera sobrenatural
2.    Considerar que la vida nace en forma continua de lo no vivo por generación espontánea.
3.    Dejar de lado el problema. Incluso algunos científicos llegaron a declarar que su estudio era una pérdida de tiempo y que la búsqueda de respuestas carecía de interés científico inmediato.

    La primera respuesta no satisface los requerimientos del rigor científico y la segunda es producto de “errores groseros de observación”. Se optó por el tercer camino; el que la ciencia moderna utiliza cuando es incapaz de resolver un cuestionamiento con sus herramientas ortodoxas.
     Sin embargo, se tiene que consignar que aquellos que tachan la teoría de la generación espontánea como producto de “errores groseros de observación” están cayendo en el mismo vicio, ignoran la evidencia de que la Información es el elemento faltante para que la ecuación de la vida cuadre. Al estar constituida por paquetes discretos, cuanta de alta energía, la Información no es detectable por las herramientas de observación del método científico. De igual forma, en algún momento fue imposible detectar con los instrumentos de observación prevalecientes los gérmenes microbianos. Recientemente han surgido, entre otras, las dos siguientes respuestas alternativas.

1.    La panespermia pretende que gérmenes traídos por meteoritos o por el polvo cósmico contaminaron la Tierra en un pasado lejano. Estos gérmenes evolucionaron y dieron origen a todas las formas de vida sobre el planeta. Esta hipótesis enfrenta serias objeciones, ya que es una solución superficial, que evade el verdadero problema del origen de la vida, independientemente del lugar del universo en que haya ocurrido. Sin embargo, se ha popularizado mucho, quizá por la fiebre extraterrestre que nos abruma.
2.    La corriente científica permeada por el paradigma darwiniano sostiene la teoría “del azar creador”. Ésta argumenta que en una época remota de la historia de la Tierra, repentinamente, aparecieron organismos relativamente simples (análogos a los virus) como producto de una combinación química accidental, provocada por el encuentro fortuito de ciertas sustancias en las proporciones requeridas, en el medio ambiente apropiado y en el momento justo. Sin embargo, hay que considerar que para que este suceso tan improbable se produjese tendría que transcurrir un lapso de proporción inconmensurable, mayor de 1050 años para que el azar tuviera su oportunidad (imagínese un diez seguido de 50 ceros).

¿Cuándo surge el ser humano?

     Ninguna discusión sobre la adaptación y evolución humana puede proceder actualmente sin tomar en cuenta un cambio del paradigma darwiniano.

     Ésta es una interrogante que se debe estudiar de acuerdo con la ontogenia y la filogenia. Los procesos de la naturaleza son fractales y la ontogenia refleja la filogenia. La especie humana surge cuando adquiere ciertas características, antes de cuya aparición no puede hablarse del ser humano. Algunos científicos definen como característica primordial el momento en que su forma de comunicación deviene en lenguaje como resultante de su conformación cerebral.
     Por su parte la ontogenia nos dice que el ser humano se forma en un evento crítico de acuerdo con lo que se ha expuesto sobre la evolución y la teoría de Gould de equilibrios puntuados (puntuacted equilibria) en las que el espermatozoide se une al óvulo para formar al ser humano. Sin embargo, siendo fractales los dos procesos, ontogenia y filogenia, pareciera que este no es el caso, si se acepta la propuesta filogenética, de tomar la emergencia del lenguaje como punto de partida del ser humano, ya que se tendría que aceptar que el infante sólo adquiere la categoría de ser humano en el momento que se apropia del lenguaje.
     Por lo tanto, parece más lógico considerar que, filogenéticamente, la especie humana surge en potencia en un evento crítico o de equilibrio puntuado con la cariocinesis. Entonces, ontogenéticamente, se es humano en el momento en que se unen óvulo y espermatozoide, igualmente, en un evento crítico o de equilibrio puntuado. Con esto se cumple la ley de la fractalidad inherente a la dinámica de los sistemas complejos.(7)
     En casos específicos como el de los niños lobos de la India ¿cuál es enfoque que debe estudiarlos? Ontogenéticamente, el evento crítico o de equilibrio puntuado se ha llevado a cabo por lo que definitivamente son seres humanos, posible punto de vista de los grupos "esencialistas". Sin embargo, filogenéticamente se puede decir que su contexto ha impedido que el grado evolutivo de su especie les asigne la categoría de seres humanos, punto de vista de los grupos "pro-elección". Un estudio reduccionista analítico es tan limitado para entender en su totalidad éste o cualquier otro fenómeno de la naturaleza como lo son los modelos euclidianos en que se basa. Las leyes del Caos y la Complejidad, cuya punta de lanza fue la física cuántica, han determinado el fin de este tipo de estudios reduccionistas, con sus objetivos limitados y su consecuente alienación. Se han iniciado las relaciones dialécticas entre los elementos que componen el todo. La teoría de los sistemas dinámicos no lineales nos proporciona nuevas perspectivas para entender la conducta de sistemas complejos en la totalidad de su expresión.
     A pesar de lo difícil que resulta la toma de decisiones críticas en este tema del aborto, esto debe hacerse, ya que el sólo asestar golpes a posiciones dogmáticas con base en paradigmas obsoletos rara vez funciona. Soluciones reduccionistas, anti-aborto en un polo, pro-elección en el otro, no responden a situaciones que requieren del tratamiento complejo que las leyes del Caos y la Complejidad proponen.
     Estamos obligados a angustiarnos cuando tenemos que decidir la interrupción de procedimientos que mantienen la vida en forma artificial, ya convertida en una existencia inútil, semi-humana, cuasi-vegetativa, así como al decidir si llevamos a su fin un embarazo cuyo porvenir, cuando mucho, sea una existencia semi-humana. Por otro lado ¿qué derecho tenemos de impedir el proceso regulatorio de la naturaleza para evitar que nazca un ser humano condenado a soportar el estilo de vida arriba enunciado.
     En su libro La Naturaleza Inacabada, Francisco J. Ayala se pregunta: El futuro de la humanidad: ¿Ocaso biológico u ocaso moral? Y cita al genetista y humanista Theodosius Dobzhansky: Si permitimos que los débiles y deformes vivan y propaguen sus caracteres, nos enfrentamos con la perspectiva de un ocaso genético. Pero si los dejamos morir o sufrir cuando podemos salvarlos o ayudarlos nos enfrentamos a un ocaso moral.
     Se podría argumentar en contra de esto, que los estudios de la genética de nuestros días ofrecen soluciones. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el reduccionismo con el que la genética trata estos problemas conlleva siempre efectos colaterales nunca previstos al ignorar la variable faltante, la Información contenida en la totalidad.(8) 
     Reportes provenientes de China e India indican un mayor porcentaje de abortos de fetos hembras que de varones, lo cual debe ser visto con alarma. Estos reportes acentúan lo grave de la situación, especialmente porque los prejuicios ahora utilizan la tecnología moderna. Tampoco se deben ignorar los problemas por la fertilización en Vitro, el transplante de embriones, la clonación, etc. Todos estos desarrollos demandan de nosotros un entendimiento mucho más profundo de lo que es nuestra existencia y sobre todo de lo que significa ser humano en la plenitud del concepto, desde un punto de vista científico y filosófico coincidente.
     Argumentar simplemente que el feto tiene una “alma inmortal” y, por lo tanto, no debe ser abortado, es una respuesta fácil pero superficial. Si el argumento permaneciera en el campo de la retórica no tendría una gran incidencia real en la problemática. Pero, si se considera la vida de un ser con posibilidades de evolucionar hasta obtener una conciencia más compleja que lo lleve a ocupar el lugar que le corresponde en el Conocimiento global,  brevemente, si se le permite nacer y cumplir con su ciclo vital, se llega a un asunto verdaderamente serio. En otras palabras, adoptando un punto de vista evolucionista de la emergencia de una conciencia humana, que existe porque existe una conciencia elemental que ha evolucionado a través de eones, el aborto sería aún mucho más difícil de aceptar, aunque teniendo en mente que siempre existe la necesidad de llevarlo a cabo en los primeros estados de casos excepcionales.
     Con base en todo lo expuesto ¿no se debería tomar una solución al problema del aborto con sentido común? En principio ¿se debe permitir el término de un embarazo siempre y cuando satisfaga todos los controles médicos y legales que la naturaleza y la sociedad impongan? Por ejemplo, no se puede pensar en una razón menos válida para el aborto que el sexo del embrión. Como tampoco lo es el hecho de permitir el aborto antes de la semana veinte, sólo porque se considera que en este período se da la aparición de las características humanas del sistema neurológico, visión filogenética reduccionista. Solamente el más grave peligro para la vida de la madre justifica un procedimiento que no esté diseñado para salvar la vida del niño.
     A pesar de todo ¿es necesario el aborto? Sí, una vez que la sociedad  haya hecho todo lo posible por hacerlo innecesario. Entonces  ¿No debe ser despenalizado en casos perfectamente definidos y justificados? Siempre se debe tener en mente que la regulación que una sociedad hace de lo que se considera un crimen, se basa en sus efectos sobre esa sociedad. No se debe confundir con lo que algunos consideran pecaminoso, lo cual, finalmente, es un asunto de una relación personal con Dios. Pero debemos tener en cuenta que existen leyes de la naturaleza que se deben cumplir, pues imponen un código moral.
     A lo que se debe dar énfasis es los métodos anti-conceptivos. Los grupos pro-vida se oponen con el argumento de que según la Biblia, Dios "dijo": Creced y multiplicaos. En esencia, el multiplicarse es necesario, es una meta de la vida, su forma de luchar contra la entropía, pero la Biblia no dice que la multiplicación debe ser desenfrenada e irracional, ni establece como condición ineludible el procrear para tener relaciones sexuales.
    En las especies animales los predadores se encargan de regular las poblaciones. El ser humano, gracias a la tecnología, supera continuamente los mecanismos reguladores, en otras palabras, los predadores que la naturaleza tiene son continuamente eliminados. A corto plazo, el exceso de población puede traer consigo crisis de efectos devastadores, lo que nos fuerce a crear reguladores legales mucho más drásticos, véase el caso de la China actual.
     Debemos darnos cuenta de que la distinción entre lo que es criminal y lo que es pecado es confusa en la mayoría de la gente, típicamente, lo que es “legal” no es necesariamente “correcto”. En principio, flexibilizar las leyes anti-aborto conducirá inevitablemente a una mayor laxitud moral o ética, que como vimos, es ir en contra de las leyes de la naturaleza. Hacerlas más restrictivas tenderá a subrayar la seriedad del asunto, aunque de igual forma irá contra las leyes de la naturaleza, al haberse eliminado los reguladores de población. Un asunto difícil de decidir para cualquier sociedad, aun cuando todos los hechos sean conocidos. Pero si se ha de llegar a algún consenso debemos sujetarnos a los dictados de la biología evolucionista interpretada bajo el nuevo paradigma de los sistemas dinámicos no lineales, olvidándonos del paradigma reduccionista darwiniano.(9) 
     Al profundizar en la entelequia aristotélica vemos que sus conceptos de Acto y Potencia apoyan la idea de que el feto, desde el momento mismo de su concepción, es un ser humano. De acuerdo con la teoría evolucionista teilhardiana,(10)  el ser humano existe en potencia desde el inicio del universo, universo diseñado con un propósito o como dice Tomás de Aquino: “la tendencia armoniosa de los cuerpos naturales hacia un fin, en un universo regulado, excluye toda explicación mediante el azar y lleva a afirmar la existencia de una inteligencia ordenadora en el mundo.” Entonces ¿con qué derecho podríamos tomar la decisión de parar en alguna etapa la evolución de un feto, cuyo objetivo es incrementar el conocimiento del cosmos? Si algún ser, antes de la aparición del Hombre, hubiera tenido la posibilidad de suspender a voluntad el proceso evolutivo, como se intenta ahora, con seguridad no existiríamos.
      El problema del aborto debe ser enfocado tomando en cuenta las siguientes leyes de la naturaleza:

1.    La evolución necesita del conocimiento (energía) de todo y en todo lo existente para avanzar con base en crisis sucesivas, eventos de equilibrio puntuado.
2.    Los seres vivos sin excepción son sistemas complejos(11) cuya función es recibir, transformar y transmitir el conocimiento.
3.    Para lograr lo anterior es necesario la multiplicidad y la biodiversidad.

     De acuerdo con la ley que indica que debe haber mucho de todo para que solo un pequeño porcentaje evolucione hacia la complejidad, no es facultad del ser humano decidir que organismo debe proseguir y cual no su ciclo vital para continuar con la evolución. Desde luego que al hablar de evolución, hablamos de la evolución de este mismo conocimiento, de la conciencia, la cual en nuestros días tiende al estancamiento o decaimiento, no de la evolución darwinista, biológica, material, reduccionista y adaptativa.

Conclusiones
     Si se considera un eje paradigmático, es importante colocar cualquier discusión sobre cualquier tema en el marco histórico de conocimiento al cual pertenece. La discusión sobre un tema específico fuera del marco en que se inscribe siempre resulta infructuosa. En la historia del conocimiento humano se pueden distinguir diferentes etapas, Phyllis A. Perna y Frank Masterpasqua en la introducción de su libro The Psychological Meaning of Chaos proponen una taxonomía del conocimiento de cuatro etapas. A continuación proporcionamos un cuadro sinóptico en el cual hemos tratado de establecer la correspondencia de la taxonomía de estos autores con ejemplos de argumentos en pro y en contra del aborto, de acuerdo con la etapa del desarrollo del conocimiento en que estimamos se ubican. Aunque debe tomarse en cuenta que las divisiones nunca son tan precisas como el cuadro lo aparenta.

Conocimiento Argumentación  
Etapas   Pro  Contra
Mítica:
Basada en el misticismo, en  sistemas de creencias primitivos
Descendencia ilegítima, embarazo fuera de la unión legal.
Justicia basada en creencias
Panteísmo
Origen divino del ser humano
Axial 1:
Dominada por el diálogo racional, ejemplificada por el método socrático, tenía el discurso racional como la forma de entender el trabajo del universo
Se considera a un elemento miembro de una especie sólo cuando presenta las características más acabadas de la misma.    Visión platónica del “alma” como una sustancia inmaterial e inmortal, una especie de “doble” espiritual del ser, destinada a continuar viviendo después de la muerte
Intuición aristotélica sobre la Información.
El alma como principio abstracto que informaba a la materia prima que “forma” debería adoptar
Axial 2:
Sus antecedentes son el renacimiento la ilustración y el empirismo; significó que la humanidad podía tomar la medida física de la realidad. Era el lente conceptual de los individuos para estudiar el universo y a sí mismos. La conducta humana predeterminada la libertad no existía.    
Insuficiente desarrollo de la estructura biológica para soportar la presencia de un nivel distintivo de un alma humana Legalmente se atenta contra una vida en gestación.
Axial 3:
Desafía las asunciones de la existencia de 1) un universo objetivamente verificable y 2)  de un ser individualizado y auto-contenido capaz de conocer la verdad.  Tiene como base las ciencias del caos y complejidad, las cuales, de una interpretación  de las ciencias físicas y naturales, ofrecen la base para entender a un ser posmoderno en continua construcción y reconstrucción.
Necesidad de imponer reguladores ante la eliminación de los impuestos por la naturaleza.     Considera al ser humano como un continuo que se inicia en la unión del espermatozoide y el óvulo y termina con su muerte y la consecuente liberación de su Información que se integra al campo cuántico correspondiente.

 
     ¿Cómo puede establecerse la dialéctica de un diálogo científico, cuando existe un desfase paradigmático entre los argumentos que las partes defienden? Es más ¿cómo puede darse este diálogo si inclusive sintagmáticamente los argumentos se traslapan? A un argumento biológico se le opone uno religioso, uno ético se contra argumenta con uno legal.
     Esta falta de dialéctica entre las partes también se explica con la propuesta de Alan Fogel y María C. D. P. Lyra

Variaciones en la calidad de la comunicación(12)

Tipo de comunicación Descripción
Desconectada Existe falta total de comunicación entre las partes en conflicto. Los participantes no se involucran en ninguna actividad mutua observable.
Interrumpida Los participantes obstruyen o interrumpen el flujo de la actividad dual. La información puede estar presente aunque su  forma evita u obstaculiza la comunicación.
Unilateral La acción de uno de los participantes está regulada por el otro, y ese participante puede ser creativo en su intento de comunicarse, aunque no existe la creación mutua de información.
Simétrica Los participantes están abiertos a la modificación mutua de la acción y el proceso resultante crea nueva información que pudo no haber estado disponible para los participantes antes de su contacto mutuo. La creatividad se consigue al comparar la comunicación actual a la comunicación anterior en contextos similares. Existe la co-acción simultánea y puede ser verbal o no verbal. La acción conjunta es convergente

       Es obvio que el "diálogo de sordos" que los grupos esencialistas y pro-elección sostienen se enmarca primariamente en la comunicación desconectada y que sólo muy ocasionalmente accede al nivel de comunicación interrumpida.
    Es necesario que la gobernabilidad de cualquier país tenga como prioridad el proponer y hacer acceder a partes en conflicto a medios dialécticos de discusión que les permita zanjar las diferencias que existen no sólo en este caso sino en cualquier otro en que los grupos sociales se encuentren inmersos.
    Quienes hacen las leyes deben tener en cuenta el nuevo paradigma científico, ya que elaborar leyes sin tener en cuenta las leyes naturales sólo puede conducir a una aceleración catastrófica de la entropía imposible de controlar.

 

Bibliografía

DONSEEL, J., Philosophical Psychology, 2nd. ed., New York, Sheed & Ward, 1961.
HARRIS, C.C. y F. Snowden, eds., Bioethical Frontiers in Perinatal Intensive Care. Natchitoches LA: Northwestern State University Press, 1985.
DARTON, Michael. Ed. Modern Concordance to the New Testament,  Darton, Longman & Todd, Ldt. and Doubleday & Company, 1976.
The Jerome Biblical Commentary, Prentice-Hall, 1968.
MESSENGER, E., Evolution & Theology, London, Sands, 1949.
MOORE; Keith L. y T.V.N. Persaud, The Developing Human: Clinically Oriented Embryology, 6th. edition, W.B. Saunders Co., 1968
TEILHARD DE CHARDIN P.  El fenómeno humano, Taurus Ediciones, Madrid 1965
Agudelo G. El Conocimiento como Realidad Primera del Universo.  (Teoría de la Gnoogénesis) Tésis de maestria en elaboración.
Mas los siguientes artículos aparecidos en Theological Studies en los pasados 15 años (enlistados en orden de publicación) :
TAUER, Carol A., "The Tradition of Probabilism and the Moral Status of the Early Embryo", TS 45, No.1 (Mar. 1984) pp. 3-33.
SHANNON, Thomas A. & Wolter, Allan B., "Reflections on the Moral Status of the Pre-Embryo", TS 51, No.4 (Dec. 1990) pp. 603-26.
CAHILL, Lisa Sowle, "The Embryo and the Fetus: New Moral Contexts", TS 54, No.1 (Mar. 1993), pp. 124-42.
JOHNSON, Mark & Porter, Jean, "Delayed Hominization", TS 56, No.4 (Dec. 1995), pp. 743-770.
SHANNON, Thomas A., "Delayed Hominization: A Response to Mark Johnson", TS 57, No.4 (Dec. 1996), pp. 731-34.

 

Notas

(1)   Este artículo fue desarrollado a partir de KROPF, Richard W. Abort: Seeking for a Sensible Solution. Issue # 14 of DIALOGOS: An Interactive Journal of the Sciences, Philosophy & Theology. http://my.freeway.net/~dialogos/ (sitio desaparecido)

(2)  Tomado de "El fin de la locura" de Jorge Volpi, Seix Barral, biblioteca breve. Barcelona, España 2003. p 411

(3)  Opus cit.

(4)  La teoría de la Gnoogénesis clarifica el problema de la inmortalidad de la siguiente manera: La conciencia humana está constituida por una energía que es el Conocimiento con su correspondiente Información. Este conocimiento es la realidad primera de todo lo existente, por lo que la conciencia, de la cual el alma formaría parte, es necesariamente inmortal, de acuerdo con la primera ley de la termodinámica.

(5) Teodicea, término introducido por Liebniz para la parte de sus escritos que tratan de la justificación de Dios ante el tribunal de la razón humana a pesar de la existencia del mal en el mundo. Actualmente designa los tratados filosóficos sobre Dios.

(6)   HALL, George M., The Ingenious Mind of Nature (Deciphering the Patterns of Man, Society, and the Universe), Nueva York- Londres, Plenum Trade, 1997, 450 págs.

(7)  Existen un gran número de puntos de vista en cuanto al momento especifico en el cual se pueda decir que el feto se “hominiza”. Así se arguye que la hominización ocurre cuando se adquiere la autoconciencia, y esto sucede bastante después del nacimiento. Volpi en su más reciente novela El fin de la locura, pone en labios de su personaje, el doctor Anibal Quevedo, la siguiente reflexión basada en el psicólogo francés Jacques Lacan: "Durante mi primer año de vida ni siquiera soy humano. Mi condición es la de "infans", un ser disminuido que, a diferencia de los adultos, no es capaz de valerse del lenguaje. Si las palabras son las únicas armas que le otorgan realidad a los objetos, uno no existe antes de sus primeros balbuceos… Sólo cuando pronuncio una palabra me convierto en persona. San Juan acertaba al escribir que en el principio era el Verbo, sólo que el verbo en realidad es un pronombre -yo- que equivale a una declaración de independencia: ese yo me diferencia del otro."

(8)  Para profundizar en este tema se recomienda el artículo del Dr. Máximo Sandín Las sorpresas del genoma en el sitio www.iieh.com

(9)  Para profundizar en este tema se recomienda el artículo del Dr. Máximo Sandín Hacia una nueva biología en el sitio www.iieh.com

(10)  En ésta teoría, el universo, en una cosmogénesis que se desarrolla a partir de una energía, llamada por Teilhard de Chardin, Radial o Psíquica, pero que no es otra que el conocimiento, las leyes fundamentales que rigen el movimiento de los cuerpos, pero también las que manejan el desarrollo del universo en su totalidad y que no son del todo deterministas, pues otorgan libertad proporcionalmente al grado de conocimiento que se va obteniendo. Es decir esta energía fundamental contiene la potencia de todo lo que existe en el universo.

(11)  WALDROP, W. M.en su obra Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos identifica cuatro características que definen sistemas complejos adaptativos. Basados en este autor, se proponen las siguientes:

1.    No obedecen a un control central, sino que su sistema de control emerge de un interjuego complejo de sus elementos y, nosotros agregaríamos, entre sí y con su contexto.
2.    En oposición a Waldrop, nosotros consideramos que los sistemas complejos consisten de elementos  arreglados jerárquicamente, cuyo arreglo corresponde al contexto en que se ubican.
3.    Los sistemas adaptativos complejos anticipan el futuro por medio de modelos internos que emergen como resultado de transacciones entre el sistema y su medio ambiente. Anticipar no significa ninguna cualidad adivinatoria, sino únicamente utilizar la Información que el contexto le ha transmitido para prever situaciones probables.
4.    Los sistemas adaptativos complejos sólo alcanzan el equilibrio en el momento que dejan de ser adaptativos y por lo tanto llegan a su fin.

(12)  FOGEL, Alan y María C. D. P. Lyra. Dynamics of Development in Relationships. En Psychological Meaning of Chaos. Opus cit.