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Ciencia Humanista es Ciencia Humana.

 

Autor: Dr. Maurício Abdalla, Departamento de Filosofia, Universidade Federal do Espírito Santo, Brasil     (Nota 1)

RESUMEN

El presente artículo hace un breve análisis crítico de la concepción tradicional de ciencia y de su enseñanza a la luz de la epistemología contemporánea y de los cambios en la ciencia en el siglo veinte, indicando su relación con la racionalidad instrumental y utilitaria del sistema capitalista y sus límites para la comprensión de la naturaleza y del ser humano. Plantea, además, un cambio en la manera de concebir y enseñar las ciencias a la luz de una nueva racionalidad humanística, fundada en la cooperación y en la concepción ecológica profunda.

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(Nota 1) Conferencia presentada en el Congreso Mundial de Juventudes Científicas, Organizada por la Fundación F.I.S.S. (Federación Internacional de Sociedades Científicas), Cede: Universidad Nacional Autónoma de México, del 13 al 17 de octubre de 2009.

 

 

Los accidentes de automóvil: una matanza calculada

Antonio Estevan

Madrid (España), junio de 2001

Los accidentes de tráfico mortales han sido considerados hasta hace muy poco tiempo como una consecuencia inevitable de la existencia de los automóviles, cuya utilización se supone imprescindible para el desenvolvimiento económico y social en el mundo moderno. Nunca se ha planteado, en consecuencia, la posibilidad de atribuir responsabilidades globales sobre tales muertes a ningún estamento económico o institucional. Sin embargo, en los últimos años se han producido avances significativos en la comprensión del problema de los accidentes de tráfico, que pueden abrir el camino a la identificación de claras responsabilidades industriales: se perfila la idea de que las "matanzas" diarias del tráfico son algo muy distinto a una acumulación de fatalidades de responsabilidad individual, que es como son presentadas por las industrias interesadas y por las administraciones competentes.

 

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NUEVOS APRENDIZAJES PARA EL SIGLO XXI:

UNA MIRADA EVOLUCIONISTA Y GRUYERIANA

Dr. Agustín de la Herrán Gascón

En primer lugar, quiero dar las gracias a la Fundación Fernando Rielo por su invitación a participar en
este Ciclo, y felicitar a sus responsables por el proyecto. Después, quiero enmarcar mi intención en esta
exposición. Intentaré centrarme en la zona de próximo desarrollo (L.S. Vygotski, 1978) del aprendizaje
humano posible para los tiempos nuevos y para la sociedad que aflora. Nuestro talante o nuestro reto se
sintetiza así: nuevos tiempos, nueva educación, nuevos aprendizajes, nueva formación, nueva sociedad.
En definitiva, rehumanización, como diría J.L. Cañas. Como condensación de lo anterior, se aportarán
fundamentos para la formación de un nuevo docente, ante las exigencias expresas y silenciosas de la
humanidad, a la luz de sus errores y esperanzas.

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Hacia el nuevo paradigma de la cibernética de segundo orden

(Un punto de vista desde la psicología)

Claudia Brett
(4º año psicología Universidad Diego Portales)(Nota 1)

Indice
•    Introducción
•    Teoría general de sistemas
•    Cibernética de primer orden y de segundo orden
•    Cibernética de segundo orden y enfoque sistémico
•    Concepto de salud y enfermedad en psicología
•    Modelo patriarcal y ciencia
•    Enfoque constructivista
•    Bibliografía

Introducción

Ya es un hecho evidente que no podemos ignorar ni eludir. Nos estamos insertando en el nuevo paradigma de la cibernética de segundo orden. Es sólo cosa de pararse y mirar a los objetos que nos rodean, teléfonos celulares, computadores y todo el mundo digital que observamos día a día. Es un entorno de cambios acelerados, ya que cuando por fin logramos comprender un artefacto, aparecen nuevos, y con una complejidad mucho mayor. Este es el mundo de la tecnología.
En otras palabras, vamos evolucionando hacia una complejidad que aumenta incesantemente. ¿Pasará esto sólo con lo que el hombre fabrica a través de la ciencia, o también tiene que ver con una nueva forma de entender, analizar, observar no sólo el fenómeno mismo, sino la vida, la humanidad y todo lo que nos rodea en este mundo? , ¿Cuáles son las bases que asientan en esta nueva manera de entender y conocer el “realidad”?
¿Qué impacto tiene en la psicología, en nuestro rol de terapeutas y en el concepto de salud mental? Estas son algunas de las interrogantes que este ensayo pretende intentar de responder. Para entender todo aquello es necesario hacer un pequeño esbozo de los diferentes modelos que aportan a este nuevo paradigma.

Teoría general de sistemas

Lo primero que es fundamental comprender, es la teoría de sistemas, siendo ésta parte de una cibernética de primer orden, la cual obedece a un realismo ingenuo, en una epistemología positivista. Desde el sentido común sabemos que mi comportamiento afecta el de otro, y viceversa, es decir, que estamos interrelacionados.
Sin embargo, la ciencia comienza a entender los fenómenos de esa manera cuando se convierte en una necesidad para el avance tecnológico y la eficiencia de las operaciones. Anteriormente, se consideraba más práctico observar los fenómenos de forma analítica, estudiando las partes como si fuesen independientes a su totalidad, por tanto, cayendo en un reduccionismo que nos cegó por mucho tiempo de la complejidad presente de todo ser vivo. Hasta la unidad más pequeña es tan compleja como su totalidad.
Sin embargo, esta concepción cayó por su propio peso. Este esquema reduccionista y mecanicista resultada insuficiente para enfrentarse a los problemas teóricos y prácticos planteados por la tecnología moderna (Bertalanffy, 1991) Se toma por primera vez en cuenta los postulados de Bertalanffy en los años 50, donde se promueve la investigación en esta área.
Bertalanffy planteó la teoría de sistemas, la cual propone investigar isomorfismos de conceptos, leyes que sean transferibles a otros campos disciplinarios, con el propósito de mejorar la comunicación en la ciencia. (Rodríguez, 1991) El entiende todo ser vivo como sistemas abiertos en constante intercambio de información con el entorno.
Lo vivo no es más que un complejo de elementos en interacción. Cuando el contexto sociocultural necesitó de esta teoría para entender los fenómenos, a pesar de todo el avance científico y tecnológico que produjo, apareció un cierto temor al peligro de que el hombre se vuelva reemplazable, por ser simplemente una parte del engranaje. Sin embargo, la parte es tan importante como el todo, si se cambia una parte, claramente cambiará el sistema, y yo no creo que haya una persona igual a otra para que la reemplace, ni una máquina que alcance los mismos niveles de complejidad.

Cibernética de primer orden y de segundo orden

Además, se desarrolló la cibernética de primer orden que se entiende como la ciencia de la pauta y de la organización, la cual se preocupa por los procesos de control y la comunicación. Con la concepción de que no es posible considerar una parte del fenómeno separada de las otras por su interdependencia, aparece el estudio de los mecanismos de regulación como lo es la retroalimentación. (planteado por Wiener) Fundamenta la nueva teleología de la circularidad, para la mantención de un equilibrio dinámico (Jutorán, 1994).
Además, hubo una fuerte influencia de la teoría de la comunicación, proveniente de la escuela de Palo Alto, como la importancia de los contextos, eficacia de la información, la comunicación no verbal, metacomunicación, pautas que conectan etc. que aportan al entendimiento de que todo fenómeno se comporta de forma recíproca e interdependiente de su contexto.
No obstante, a pesar del enorme avance hacia el conocimiento de la complejidad de los fenómenos, todavía queda mucho camino por recorrer. En esta cibernética de primer orden, se estudian todos los fenómenos como sistemas, pero, ¿qué pasa con el observador? ¿Qué rol juega?, es decir, ¿es parte de un sistema mayor al está observando? ¿Puede incluirse en el sistema dependiendo de la unidad de análisis que se esté ocupando? Estas son preguntas que nos movilizan hacia una cibernética de segundo orden, en donde hay una necesidad de entender los límites de los sistemas, es decir, hasta qué punto yo soy parte o no del sistema.
Sin embargo, es ineludible que de todas formas lo estoy perturbando constantemente desde que lo percibo, le otorgo cualidades, lo reflexiono, y me comporto de una cierta manera en o fuera de él. Yo, como observador, desde mi experiencia, mis creencias y mi comportamiento estoy perturbando a todos lo que yo considero como sistema (estando dentro a fuera de él), teniendo en cuenta que los límites los construye el observador porque son ilusiones para poder aprehenderlos y entenderlos en su infinita complejidad, ya según mis creencias, desde los átomos al universo es solo un sistema, es decir, una unidad inseparable.
Es importante mencionar que entre la cibernética de primer orden y segundo orden hay un abismo de diferencias epistemológicas que es imprescindible ir aclarando a lo lardo de este ensayo. En la cibernética de primer orden hay una excesiva confianza en nuestros sentidos y percepciones, como si fuesen fidedignos de una realidad que esta “afuera”, en donde nuestro rol es “descubrirla” para tener un mejor entendimiento del mundo. Y no solo se observa a nivel individual cuando cada uno le otorga cualidades a los sistemas particulares, también se observa en los sistemas sociales, en donde se confía excesivamente en los concesos sociales, por ejemplo para diferenciar lo normal de lo anormal.
Es cierto que necesitamos de estos consensos en cuanto somos seres sociales, pero creer que lo consensuado es intrínsecamente verdadero es un error muy peligroso. En otras palabras, lo que caracteriza a la cibernética de segundo orden es que se funda en la premisa de que no pueden plantearse observaciones, de un sistema por ejemplo, con independencia de los observadores. Esto no es algo trivial, ya que si lo reflexionamos permite al observador adentrarse en una nueva constelación de posibilidades, donde la experiencia propia y las diversas distinciones/puntuaciones que cada uno hace de su realidad cobran una importancia crucial.
Esta pérdida de la neutralidad del observador, en la cual toda descripción es desde sí mismo, conlleva la aparición de dos conceptos fundamentales, la autorreferencia y la autonomía. Somos un sistema cerrado, por tanto, somos totalmente autorreferentes, lo cual implica que la concepción de un “afuera” no tiene sentido. A esto se le llama cierre organizacional. Para Maturana esta autonomía es la autopoiésis, que es la capacidad que tienen los seres vivos de mantener y desarrollar su propia organización. Entonces, ya no se habla de cambios en la organización, sino en la estructura, la cual puede sufrir perturbaciones, pero manteniendo su organización autónoma o autopoiética intacta.

Cibernética de segundo orden y enfoque sistémico

En lo anterior, he hecho una breve descripción acerca de la cibernética y como nos hemos ido aproximando hacia una cibernética de segundo orden, haciendo una pincelada de sus características fundamentales. Sin embargo, lo relevante es su implicancia en la psicología clínica y cómo llevamos a la práctica una concepción tan compleja de nuestra forma de conocer el mundo. Al incluir al observador dentro de lo observado, estamos advirtiendo que la neutralidad es sólo una ilusión, ya que al estar éste implicado en el sistema que observa significa que su subjetividad está juego. Lo que debemos comprender es por tanto, que la objetividad, entendiéndola desde mi punto de vista como el intento de acceder a premisas que son en sí mismas verdaderas, no existe.
Lo único que nos lleva es a la negación del otro, ya que como yo puntúo la realidad, mi visión siempre será la correcta y por tanto, la del otro incorrecta, ya sea por desinformación o porque ésta equivocado. En ese sentido yo estoy muy de acuerdo con Maturana. Debemos acceder a una objetividad entre paréntesis, en donde existen múltiples percepciones genuinas de una realidad, que va a depender de mi operación de distinción. Esta idea no es nada nuevo para el modelo constructivista, pero ¿qué pasa en la vida cotidiana? ¿Se pone la objetividad entre paréntesis en práctica?
Es una pregunta difícil de responder, porque es relativo y depende también de nuestra operación de distinción, ya que si pertenecemos a un paradigma positivista sería imposible aplicar estas premisas de manera natural. Por lo tanto, uno de nuestros roles como psicólogos es empezar a promover esta concepción constructivista, considerando este cambio paradigmático en que nos estamos insertando de a poco como sociedad.
Todavía queda una interrogante importante sin responder, ¿Cómo aplicamos este modelo a un contexto terapéutico? Desde este paradigma, la conversación que aparece en la terapia es en función del dolor o sufrimiento que lleva al sujeto a consultar.
Es un sufrimiento que es definido por el propio sistema consultante, y no por algún observador externo que según su juicio “objetivo” lo clasifique su sufrimiento como una patología. Este concepto es muy interesante discutirlo desde esta perspectiva. Debemos entender que desde una objetividad entre paréntesis no podemos situarnos desde una posición de autoridad, con una formación que nos entrega un saber “objetivo” para clasificar desde nuestra experiencia si una conducta es normal o anormal. ¿Hasta qué punto se puede hablar de psicopatología? ¿Cuál es el límite entre lo normal y lo anormal?
O a un nivel más concreto, ¿Cuál es el borde entre una estructura de personalidad normal y una psicopatológica, o entre un sistema funcional o disfuncional? Estas son preguntas que yo creo que todos nos hemos cuestionado en algún momento de la carrera. Lo interesante de la cibernética de segundo orden es que nos permite reflexionar sobre estos temas tan fundamentales, y nos permite darle el protagonismo merecido a la persona o sistema mismo que sufre el problema en su respectivo contexto.

Concepto de salud y enfermedad en psicología

Desde esta mirada se entiende que el concepto salud y enfermedad, desde la psicología es lo socialmente definido por un grupo pequeño y poderoso acerca de lo adecuado e inadecuado. Según Maturana, la enfermedad psicológica se genera cuando hay una red de conversaciones repetitivas y recurrentes que establecen dinámicas de sufrimiento en un cierto contexto. Más específicamente se podría hablar de evaluaciones sociales de contradicción emocional por intentar satisfacer expectativas contradictorias, las cuales son aceptadas como legítimas. Estas se dan en nuestro lenguajear y emocionar, en las cuales se van generando redes de conversaciones que posibilitan el sufrimiento o la “enfermedad”. Por ejemplo, cuando una familia consulta, trae a la mano un padecer que implica conversaciones que son contradictorias a las conversaciones que definen a la familia como tal.
Esta es una perspectiva muy interesante, ya que el foco está puesto en las interacciones y dinámicas que se generan en una constante construcción de experiencia a través del lenguaje. Pero no sólo es una mirada sistémica en ese sentido, sino también es de cibernética de la cibernética porque el terapeuta pasa a ser parte del sistema que está observando. Su rol es un generar cambio a través de las perturbaciones que genere en la familia y de la posible desintegración de su organización que está trayendo un sufrimiento a la mano. Otra característica fundamental, es que la terapia es un proceso de co-construcción, en donde se construye en conjunto la problemática, desde la experiencia de la familia y del terapeuta, el cual no puede dejar de lado la suya al ser parte de este nuevo sistema.
Es el único mecanismo interaccional que puede producir un cambio, desde una objetividad entre paréntesis. Para lograr aquello se debe primero indagar en la epistemología del consultante, su concepción de mundo, sus creencias, lenguaje, etc. Además, es importante estar atento a las explicaciones que da acerca del terapeuta, la terapia, y de todo el proceso en general. En ese sentido, se genera una dinámica en donde se invita al paciente o familia al cambio, considerando la plena libertad de aceptar o rechazar. Todo cambio que se facilite debería ser según las reglas del sistema, no del terapeuta.
Por lo tanto, yo creo que éste no debe situarse en una posición de autoridad, como en lo hacen en modelos más tradicionales, sino que deben situarse en un terreno común, de co-construcción de significados, necesidades, problemáticas, conflictos, etc. En otras palabras, el terapeuta y la familia van generando realidades a través del lenguaje. Nunca debemos olvidarnos de que estamos en una visión de totalidad, circularidad y curiosidad.

Modelo patriarcal y ciencia

Sin embargo, a pesar de que lo anterior tiene sentido y parece ser una forma de entender nuestra experiencia que es muy integradora, democrática, matrística, etc. todavía hay una fuerte corriente científica, objetivista, excluyente, patriarcal que pone resistencia a este nuevo paradigma. Hay contradicciones muy profundas que operan día a día.
No estoy en contra en ningún caso de la ciencia, pero sí creo que debemos poner a la ciencia entre paréntesis al igual que con la objetividad. Hay un intento constante y absurdo de mantener una objetividad como si se pudiese hablar de objetividad como tal. Por un lado, muchas personas hablan de un constructivismo pero no lo llevan a la práctica, y por otro, hay otro grupo de personas que simplemente no puede dejar de entender que no se puede hablar de una realidad independiente al sujeto. Por ejemplo, en la psiquiatría para diagnosticar un tipo de depresión se debe observar si “existe estrés ambiental (real o percibido) crónico…” (DSM IV) En aquello no se considera la experiencia del sujeto, porque si fuese así daría lo mismo si es real o percibido porque para la persona que vive el sufrimiento es lo mismo.
En este ámbito me ha tocado vivir momentos en donde opera la objetividad sin paréntesis en un contexto completamente patriarcal, en donde psicólogos creen que tienen la autoridad, el poder, y hasta la soberbia de reírse de las contradicciones de alguien que sufre una depresión y está en el psiquiátrico, como manera de enseñar a sus alumnos acerca de la conflictos ajenos.
A lo mejor fue un caso particular que me tocó experimentar, pero de todos modos es algo que debe cambiar, ya que siempre debemos estar reflexionando acerca de la ética y la humildad, por muy expertos que seamos. (Cuando digo ética, me refiero a la revisión de nuestro marco valórico emocional, no desde lo correcto o incorrecto)
Como dice Maturana, estamos ante una ceguera cultural debido a la separación del cuerpo y la mente, del observador y lo observado y del ser humano y su naturaleza. Son aspectos de nuestra experiencia que debieran ser inseparables, ya que son completamente recíprocos. Aquello nos ha llevado a la ceguera de las emociones, de la corporalidad y una limitada comprensión de la naturaleza. Además, siempre estamos mirando hacia el futuro para encontrarnos con nuestra identidad, sin vivir en el momento, en el presente.

Enfoque constructivista

Esto ha llevado a una instrumentalización de las relaciones, afectando el desarrollo de las personas, desde momentos tempranos en su infancia. Según Maturana, necesitamos intimidad en los encuentros corporales con la madre en el presente, y a través del juego, para desarrollar la autoaceptación y la aceptación del otro. Cuando esto no se cumple aparece la enajenación de nuestra corporalidad y de las emociones y a una negación del otro, lo cual provoca una ceguera para comprender que necesitamos la presencia de otro, porque el amor es una necesidad fisiológica y psicológica. Aquello me hace entender porqué hay muchas personas que aún viven en una objetividad sin paréntesis, en una cibernética de primer orden, ya que en sus conversaciones está la constante negación del otro, y la aceptación de lo propio como única verdad.
Sin embargo, yo creo que esto está cambiando, ya que las nuevas generaciones de a poco han estado reflexionando acerca de la importancia del amor, la cooperación, la colaboración, etc. y se ha ido instalando lentamente, pero aún con muchas contradicciones, este paradigma más constructivista, con una mirada de cibernética de segundo orden. Esto se observa especialmente en la juventud, que está muy abierta a la crítica, que ha aprendido a reflexionar y a cuestionar lo que aparentan ser verdades inquebrantables, reconociendo su rol activo y constructor de la sociedad.
A pesar de que este enfoque o mirada constructivista apunta a la integración y a la aceptación de nosotros mismos como observadores y a la aceptación del otro, también implica tomar conciencia de lo que significa el hecho de que cada uno vive según su operación de distinción, y que todos son válidos desde la experiencia de cada persona.
Con aquello me refiero a que debemos hacernos cargo de lo que traemos a la mano. Debemos reflexionar constantemente acerca de nosotros mismos, especialmente nosotros como psicólogos(as), que tenemos una responsabilidad ética al trabajar con personas. En otras palabras, debemos siempre estar examinando cómo participa el observador en lo observado.
A modo de conclusión, considero que estamos en la entrada de un nuevo paradigma que por primera vez intenta abordar los fenómenos en su complejidad y en la integridad en que se presentan en su contexto natural. Yo creo que estamos en el comienzo de un entendimiento más acabo del mundo y sus leyes, situándonos como observadores en el sitio que nos corresponde, sin intentar explicar más allá de lo que nos permite nuestra estructura. Por eso comparto con Cornejo, el hecho de que el observador último queda sin explicación, pero esto es porque trasciende nuestra capacidad de conocer en la medida que somos determinados estructuralmente. Esto es lo que la ciencia recién está comenzando a comprender.

Bibliografía

Bertalanffy, L (1991) Teoría general de los sistemas México: Fondo de Cultura Económica.
Keeney, B. (1987) La estética del cambio Barcelona: Editorial Paidos.
Jutorán, S (1994) El proceso de las ideas sistémico-cibernéticas. Rev. Sistemas Familiares. Buenos Aires.
Maturana, H. (1995) Desde la biología a la psicología Santiago de Chile: Ed. Universitaria
Maturana, H. (1993) Amor y juego, Fundamentos olvidados de lo humano Santiago: Ed. Instituto de Terapia Cognitiva.
Rodríguez, D. & Arnold, M (1991) Sociedad y teoría de sistemas Santiago de Chile: Ed. Universitaria.

Internet:
Kuntsmann,G. Medina, A. Barrientos, M. El operar terapéutico del Instituto de Terapia Familiar de Santiago Extraído el: 8/05/07.


Notas 1: Publicado en http://www.ecovisiones.cl/metavisiones/articulos/nuevo-paradigma-cibernetica-1.htm

octubre, 2010

La Nanotecnología

Por Federico Kukso
25 junio 2005


Como el resto de los mortales, los científicos también caen rendidos ante la fuerza hipnótica y adictiva de las apuestas. Uno de los físicos más famosos en entrar al juego (y ofrecerlo) es Stephen Hawking, quien en 1997 desafió a su colega Kip Thorne (del Caltech de Estados unidos) para que demostrase que su hipótesis ("los agujeros negros destruyen todo lo que absorben") era falsa. Por desgracia -para Hawking, claro-, Thorne demostró que no sólo estas singularidades no devoran todo lo que se aproxima a su vecindario sino que también son capaces de expulsar materia y energía. Así, a Hawking no le quedó más que reconocer públicamente la derrota y pagar el monto de la apuesta (100 dólares).

De Ayllukuna a la Teoría de Sistemas: Cuidando la Madre Naturaleza

Máximo Sandín


Se ha dicho a veces, como lo ha hecho observar Macnamara, que el hombre puede soportar impunemente las diferencias más grandes de clima y otros cambios distintos; mas esto es sólo cierto para los pueblos civilizados. El hombre en el estado salvaje parece, bajo este respecto, casi tan susceptible como sus más cercanos vecinos, los monos antropoides, que nunca viven mucho si se les saca de su país natal.
Charles Darwin. “El origen del Hombre”. (Pag.268).


La atribución de la condición de “inferiores” a personas o pueblos sojuzgados ha existido a lo largo de la historia de la Humanidad desde el surgimiento de las relaciones de dominación como consecuencia del nacimiento de las culturas sedentarias y militarizadas. Parece que una coartada muy utilizada para justificar la explotación y la opresión ha sido la “bestialización” de las víctimas.  Un vergonzoso ejemplo de esta actitud lo representa el conocido como “La junta de Valladolid”, en 1550, en la que tuvo lugar un acalorado debate sobre si los indígenas americanos eran o no seres inferiores y que terminó sin una resolución final.
Pero la elevación de esta aberración a la categoría de ciencia tuvo lugar con la implantación del darwinismo como descripción científica de la realidad. En su segunda “gran obra” El origen del Hombre, Charles Darwin incorpora todos los más sórdidos prejuicios de la clase social a la que pertenecía a la naturaleza humana, justificando las diferencias sociales o culturales como un resultado de su gran “hallazgo científico”: la selección “natural”. El arraigo de estas ideas se pone de manifiesto en los textos sobre evolución humana de los científicos darwinistas. Las “sustituciones” (extinciones) de unos “homínidos” por otros en función de una supuesta superioridad se justifica, a veces, mediante los argumentos más rocambolescos: Los neandertales, macizos y bien musculados, probablemente tenían unos dedos demasiado gruesos para hacer uso efectivo de tecnología avanzada de la Edad de Piedra o para  realizar tareas de destreza como grabar. /.../ Esto da peso a la idea de que los humanos modernos recientes sustituyeron a los neandertales por su superior uso del mismo tipo de herramientas. /.../ Así, aunque los neandertales pudieron probablemente fabricar y usar herramientas complejas, no pudieron hacerlo muy a menudo o muy cuidadosamente, (?) y no fueron capaces de tareas mas sofisticadas como grabar o pintar, que fueron desarrolladas por los humanos modernos. (Clarke, 2001).
Esta concepción se ha extendido por el imaginario colectivo bien nutrida por las “investigaciones” que, desde el Siglo XIX, nos han aportado los científicos que acompañaron a la expansión colonial europea, que han mostrado a los pueblos “primitivos”, especialmente a los de cultura cazadora-recolectora, como poco menos que mendigos desarrapados y brutales buscando permanentemente algo que comer. Y en muchos casos, las pruebas de sus aseveraciones las han fabricado ellos mismos. El contacto de los hombres “civilizados” con pueblos “salvajes” ha tenido siempre consecuencias desastrosas para los segundos. Incluso en situaciones no dirigidas por el ánimo de conquista, el descubrimiento de las tecnologías occidentales y del poder que les conferían y el deslumbramiento por los “regalos”, en el mejor de los casos baratijas y en el peor, armas o bebidas alcohólicas, han convertido a muchos grupos humanos en poblaciones desculturizadas, dependientes y con escasa autoestima.
Un caso especialmente informativo sobre las consecuencias de de esta actitud lo representa el plasmado en el libro “El saqueo de El dorado” de Patrick Tierney. En el año 68, el prestigioso antropólogo Napoleón Chagnon de la Universidad de Michigan publicó su obra “El pueblo fiero” en el de descubría para el mundo civilizado a los Yanomami, el “último pueblo virgen” habitante de las remotas junglas amazónicas de Venezuela y Brasil. La imagen que transmitió, y que quedó durante muchos años en los libros de texto y en el imaginario colectivo era la de un pueblo viviendo permanentemente en medio de una gran competitividad sexual y guerrera, “confirmando” las concepciones darwinistas sobre los pueblos “primitivos”. En los años 90, Patrick Tierney, un discípulo y admirador de Chagnon, se acercó en persona al territorio que estudió Chagnon. Las entrevistas a testigos presenciales, las pruebas documentales y testimonios de autoridades civiles y militares de la zona y miembros de ONGs y personal sanitario pusieron de manifiesto que Chagnon elaboró fotografías y filmaciones en los que situaba a los guerreros decorados con sus pinturas de guerra en actitudes agresivas, o a madres azuzando a sus pequeños a la pelea, pero eso no fue todo: la distribución de regalos como utensilios metálicos de distinto tipo, repartidos de una forma premeditadamente desigual, provocó envidias y desencadenamiento de violencia real, antes inexistente. Por si fuera poco, las enfermedades contagiosas portadas por los acompañantes de Chagnon provocaron una terrible mortandad entre los Yanomami (Tierney, 2002).
Sería absurdo pretender aplicar a todos los pueblos que han mantenido sus culturas ancestrales la categoría general del “buen salvaje” que tanto interés tenía Chagnon en destruir. Precisamente por su condición de seres humanos difícilmente pueden estar libres de algunos de los defectos que nos son propios. Pero más estúpido aún es considerarlos como seres limitados intelectualmente por la inocencia con la que frecuentemente se han mostrado ante las artimañas y las maldades, inconcebibles para ellos, de los invasores “civilizados”. Porque su sabiduría (que no es lo mismo que información o tecnología) es de un tipo muy diferente a lo que se valora en la “civilización” occidental. Sus culturas, fruto de milenios de interacción, de comprensión entre sí y con el medio natural, han construido cosmovisiones de extraordinaria belleza, pero sobre todo de inteligente comunicación e integración con el entorno en el que se han desarrollado. Una comprensión y una actitud ante el fenómeno de la vida que habría hecho posible la convivencia de la Humanidad en armonía con el ambiente por tiempo indefinido.
Pero esta sabiduría no se detiene en aspectos que pudiéramos denominar filosóficos. Los componentes prácticos de sus conocimientos ancestrales han mostrado una gran eficiencia para una forma de vida en equilibrio con una Naturaleza a la que nunca han considerado una “enemiga”. Unos conocimientos que no se basan, como en nuestra cultura, en “descubrimientos” de sabios, de personajes providenciales, sino que son el resultado común de conocimientos obtenidos y compartidos por toda la comunidad. Sería largo de documentar, por ejemplo, el arsenal de aplicaciones de plantas medicinales conocido desde tiempos inmemoriales por todos los pueblos del Mundo que constituyen la base de muchos medicamentos, depredados por la industria farmacéutica mediante la “biopiratería” y que son (mal)utilizados por la medicina “científica” en forma de “principios activos”, pero lo que me gustaría resaltar aquí son unas concepciones o descripciones de la realidad que resultan sorprendentes por lo que tienen de una comprensión de fenómenos a la que, con grandes dificultades y cierta confusión por la limitación que impone la interpretación mecanicista, reduccionista e individualista de la visión científica dominante, se está llegando en la actualidad.
Es difícil tener la certeza de que las narraciones que han llegado hasta nosotros, los “occidentales” (supongo que esta denominación dependerá del lugar geográfico desde el que se mire), no hayan podido ser desvirtuadas o adornadas con conocimientos actuales, pero el hecho de que los conocimientos a que me voy a referir son extremadamente recientes, especializados y poco menos que marginales o “heterodoxos”, junto con las coincidencias muy llamativas en grupos muy alejados étnica y geográficamente, permite concederles una razonable credibilidad. Este párrafo ridículamente prepotente tiene por objeto subrayar mi condición de científico racionalista que, según la concepción “oficial”, no debe dejarse subyugar por “supersticiones” o narraciones románticas no obtenidas “empíricamente” mediante el método experimental, aunque me reconozco completamente subyugado.
Un repaso general a los retazos de sabidurías ancestrales que han sobrevivido a duras penas al etnocidio sistemático (y, en muchos casos, premeditado y planificado) del colonialismo europeo (en África, Asia, Australia…), resultaría muy enriquecedor por las deslumbrantes bellezas de cosmovisiones con muchos puntos de contacto entre sí que han de tener, por fuerza, orígenes  muy remotos. Pero en este caso nos limitaremos a una aproximación forzosamente superficial y posiblemente simplificada a conceptos nacidos en culturas indígenas de Latinoamérica. Una concepción de la realidad que, a lo largo de milenios de contacto y comprensión de su medio natural ha surgido de su vida misma, de una observación constante de la marcha de la vida y del conocimiento de sus leyes que se han incorporado como guías para la organización colectiva de sus grupos.
Las “filosofías” de estos pueblos han sido, como ya hemos dicho, elaboradas y compartidas, a lo largo del tiempo por toda la comunidad. Lo que resulta difícil de comprender desde una mentalidad “occidental” es cómo han llegado a esos conocimientos. En qué datos “empíricos” se han basado, porque a lo que han llegado es a una concepción “cuántica” de la realidad.
Desde el punto de vista de la mecánica cuántica, la realidad contiene tanto al observador como a lo observado (el observador no mira “desde fuera”). Es como si el observador “creara” lo observado y, al mismo tiempo, estuviera dentro. Por sorprendente que pueda parecer, los conocimientos de la mecánica cuántica convierten los fundamentos de la realidad, de los objetos físicos que nos rodean en algo que no es material ni inmaterial, que es lo que se conoce como función cuántica o campo cuántico. El electrón que forma los átomos que nos componen es partícula u onda de forma complementaria, es decir, la unidad es en realidad la interacción de dos entidades complementarias.  La realidad física está constituida por interacciones entre distintos componentes de este tipo que se organizan en distintos niveles cuánticos de complejidad, desde los átomos hasta el Universo.
En un nivel que podríamos considerar intermedio de estos “saltos” cuánticos de complejidad se encuentra la organización de la vida en la Tierra. Los seres vivos están constituidos por átomos, que se organizan en moléculas, estas en células que, en sucesivos niveles de complejidad, se organizan en órganos y tejidos, organismos, especies y ecosistemas que a su vez conforman el gran ecosistema o “macroorganismo” que constituye nuestro Planeta, parte de otro sistema de nivel superior…
La vida sólo puede existir gracias a una intrincada red de relaciones e interconexiones entre todos y cada uno de sus componentes. Una red que, según los descubrimientos científicos más recientes, muestra una complejidad difícil de concebir hasta hace muy poco tiempo por la ciencia convencional. La vida se organizó en la Tierra a partir de la integración de bacterias y virus para formar las células que forman los seres vivos (Margulis y Sagan, 1995; Sandín, 1997; Gupta, 2000; Bell, 2001). Los organismos de los seres vivos son (somos), de hecho, comunidades organizadas de bacterias reguladas mediante la información genética procedente de virus que se han convertido en endógenos (insertados en los genomas) (Sandín, 1997; Villarreal, 2004), pero además todos los seres vivos contienen cifras astronómicas de bacterias y sus virus asociados (fagos) en su interior (Qin et al., 2010), colaborando a funciones como elaboración de vitaminas y aminoácidos que los organismos no pueden producir y en mantener el equilibrio con los existentes en el exterior, entre ellos los que están en la piel, en forma de complejos ecosistemas, también en equilibrio con el entorno (Grice et al., 2009). Un entorno natural y físico en el que las bacterias y virus siguen siendo los componentes mayoritarios, componiendo una biomasa superior a la del mundo animal y vegetal con cifras que se van ampliando a medida que progresan los métodos de obtención de datos (Fuhrman, 1999; Suttle, C. A., 2005; Gewin, 2006; Howard et al., 2006: Lambais et al., 2006; Williamson et al., 2006; Goldenfeld y Woese, 2007;  Sandín, 2009) y que constituyen la base de la pirámide trófica marina y terrestre, purifican el agua, reciclan los productos de deshecho y las sustancias tóxicas, hacen el Nitrógeno de la atmósfera disponible para las plantas, comunican información mediante la “transferencia genética horizontal”… incluso, los derivados de azufre producidos por la actividad de los virus marinos contribuyen a la nucleación de las nubes. Los “microorganismos” conectan el mundo orgánico con el inorgánico, y cada uno de nosotros somos como un ecosistema dentro de otros ecosistemas conectados por una “red de la vida” dentro del gran organismo, realmente vivo, que nos acoge.
Todos estos conocimientos no han sido integrados en el “cuerpo teórico” de la concepción dominante de los fenómenos de la vida, sencillamente, porque no se pueden integrar. Porque chocan frontalmente con la visión mecanicista, reduccionista, competitiva e intelectualmente ramplona del darwinismo. Pero ya eran comprendidos, al menos en su significado, por muchos pueblos “primitivos”. Un aspecto común a los pobladores de las selvas es algo considerado por los visitantes “civilizados” como ingenuo o “supersticioso”: no tienen una distinción clara entre el mundo físico y el mundo espiritual o mágico. Posiblemente el uso ritual de sustancias “psicotrópicas” haya sido para ellos una forma de acceso al conocimiento que se escapa a la mentalidad (y posiblemente a las capacidades) de los “occidentales”, pero lo cierto es que les ha llevado a una comprensión de la realidad y a un elaborado conocimiento de sus medios, de las plantas medicinales alimenticias o tóxicas. De los animales, a los que consideran sus hermanos y dotados de espíritu, y cuyas relaciones de parentesco no están basadas en nuestras  agrupaciones “filogenéticas”, sino en los hábitats que comparten, en los que viven y se relacionan. Para ellos, que la conocen, la selva no es la “jungla de dientes y garras tintos en sangre” de los ignorantes europeos. La selva es su confortable casa, y los ríos y los árboles parte de su vida.
Pero lo verdaderamente admirable es la concepción, también común a diversos pueblos indígenas, de su integración en el Universo regida por sus mismas leyes, movimientos y cambios como una integridad. Como microcosmos organizados e inmersos en el gran macrocosmos cuya energía organiza todo lo existente y dentro de él y lo que nos acoge, la Pacha Mama, es la sagrada Madre Tierra. Por eso, la relación con lo que haya en ella ha de ser de armonía y reciprocidad. La concepción colectiva de las relaciones humanas deriva de lo que se observa en la Naturaleza. Todos sus elementos están ordenados en una organización colectiva donde cada cosa tiene su lugar, donde las plantas y animales forman colectivos según sus territorios. Estas colectividades han inspirado las organizaciones sociales, Ayllukuna para los Quechua y Aymara, como configuración de las leyes que rigen  el cosmos y la Madre Tierra.
En estas culturas se puede encontrar también la más bella (y “cuántica”) expresión de la  concepción de la realidad y del ser humano. Para ellos, la unidad es la pareja. Igual que los elementos del cosmos la unidad está organizada en una relación de parejas complementarias. Wiraqucha, la energía universal, tiene una categoría dual de “Padre/Madre”, es el ser sagrado primigenio y principal y no puede ser puramente masculino o puramente femenino. El sol es la pareja complementaria con la luna, el “mundo de arriba”, el Hanaq Pacha, es masculino y es complementario con la Pacha Mama, la Madre Tierra. Y así, el concepto de matrimonio se expresa con el término Yananchakuy, “hacerse entre sí”, entre sexos opuestos, un encuentro complementario, en igualdad de condiciones. 
De estas cosmovisiones surgen conceptos que chocan con la mentalidad occidental: la igualdad en la diferencia y la unidad en la diversidad, pero especialmente el concepto sagrado de la Naturaleza no en el sentido religioso de nuestra cultura, sino entendido como merecedor de respeto. Todos los seres vivos, sean animales o plantas, tienen un espíritu que hay que respetar para no interferir en el funcionamiento del organismo que es la Madre Naturaleza (Nuñez, 1992).
Cuando James Lovelock planteó la “Hipótesis Gaia” en la que describía la Tierra como un organismo vivo con capacidad de “autorregulación” y fue forzado a retractarse debido a los ataques de las “autoridades científicas” e incluso a su misma condición de darwinista, que le llevó a admitir que el término “organismo” era simplemente metafórico, seguramente no tenía conciencia de que las culturas “primitivas” sabían hace mucho tiempo que nuestra Madre Tierra está viva. Pero esta hermosa e inteligente cosmovisión ha sido arrollada por la zafia concepción de la competencia, la dominación y la destrucción que ha causado una grave enfermedad a la Pacha Mama. Sería bueno que los “hombres civilizados” volviéramos los ojos hacia los “pueblos sabios” para agradecerles su legado. Incluso, para pedirles consejo.


Bibliografía

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CHAGNON, N. (1968). Yanomamö: The Fierce People. Holt, Rinehart & Winston.
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GEWIN, V. 2006. Genomics: Discovery in the dirt. Nature .Published online: 25 January 2006; | doi:10.1038/439384a 
GOLDENFELD, N. and WOESE, C. (2007). Biology’s next revolution.  Nature 445, 369.
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GUPTA, R. S. 2000. The natural evolutionary relationships among prokaryotes.Crit. Rev. Microbiol. 26: 111-131.
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LAMBAIS, M. R. et al., 2006.  Bacterial Diversity in Tree Canopies of the Atlantic Forest  Science, Vol. 312. no. 5782, p. 1917 
MARGULIS, L. y SAGAN, D. 1995. What is life?. Simon & Schuster. New York, London.
NUÑEZ SÁNCHEZ, J. (Ed.) (1992): Culturas y pueblos indígenas. Editora Nacional. Quito.
SANDÍN, M. (1997). Teoría sintética: Crisis y revolución. ARBOR , N.º 623-624. Tomo CLVIII.
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TIERNEY, P. (2002). El saqueo de El Dorado. Grijalbo.
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VILLARREAL, L. P. (2004). Viruses and the Evolution of Life. ASM Press, Washington.
WILLIAMSON, K.E., WOMMACK, K.E. AND RADOSEVICH, M. (2003). Sampling Natural Viral Communities from Soil for Culture-Independent Analyses. Applied and Environmental Microbiology, Vol. 69, No. 11, p. 6628-6633
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Fecha publicación mayo 2010

Comentarios al 150 aniversario de la publicación del libro El origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida


Guillermo Agudelo Murguía


Los que sólo saben manejar el martillo, todos los problemas los resuelven a golpes pues les parecen clavos

Anónimo


1.- Las objeciones


Este 2009 se cumple una centena y media de años de la publicación del libro de Charles Darwin titulado The Origin of Species by Means of Natural Selection or Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, un título muy anglosajón y muy ad hoc para el contenido.
Hoy al hablar de evolución se empieza por ocultar el verdadero titulo de la obra seminal de Darwin y se acorta a sólo "El origen de las especies". Porque los problemas se inician desde que se analiza el titulo original: la primera parte del título El origen de las especies por medio de la selección natural, implica que las especies llegan a ser mediante un "mecanismo" conocido como selección natural. Lo cual el mismo Darwin negó. Pero la segunda parte...o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida es más problemática pues presupone un ente que favorece tomando como base las diferencias raciales.

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